FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | A Babor | Incertidumbre | Francisco Pomares

Lo peor no es la cara que se te queda cuando lees que la autoridad pública responsable del Turismo en las Islas ha dicho que el 80 por ciento de las conexiones aéreas de Canarias dependen de un touroperador como Thomas Cook. Lo peor es la sensación de incertidumbre que produce escuchar tamaña barbaridad. ¿Se habrá equivocado el periodista al reproducir la cifra? ¿Habrá dicho eso de verdad la consejera de Turismo? Piensas que es más probable lo primero que lo segundo, porque no es posible que estemos completamente en manos de gente que no sabe de lo que habla. Y luego pasas revista a la esplendorosa cantidad de cancaburradas que se vienen escuchando desde hace años en boca de nuestros representantes públicos, capaces de opinar sobre extinción de incendios, vacunación infantil, cría de lagartos, medicina nuclear, moda pret-a-porter o política internacional, sin que se les arrugue el ceño. Y entonces piensas que vivimos en un mundo de absoluta incertidumbre ante la rampante generalización de la ignorancia.

Hace años que el discurso público sobre lo que ocurre tiene poco que ver con lo que de verdad ocurre, y mucho más con la justificación de relatos e intereses. Es algo que no afecta exclusivamente a la clase política. Contagia también al mundo de lo mediático, en el que es ya casi imposible esperar que un periodista corrobore un dato antes de facilitar una información identificada de parte. La explicación de este abandono de las reglas tradicionales del oficio -contrastar la información- es que si algo lo dice fulano, el responsable de lo que dice es él, no quien transcribe la información. Y así, la prensa se ha vuelto cómplice de un estado de cosas en las que campa a sus anchas la mentira, la memez, el tremendismo y la ignorancia. Cualquier fuente que se identifica pasa a ser una fuente fiable y merecedora de ser reproducida, aunque diga que la tierra es plana o que Boris Johnson o el papa Francisco son reptilianos que conspiran para que los del planeta Mongo esclavicen a la Humanidad.

En un mundo donde nadie responde ni de lo que otros dicen que dice, ni tampoco de sus propias palabras, la falacia, la exageración, la trapisonda y el meme se han convertido en el pan nuestro de cada día. Con falacias se hizo Donald Trump con la Presidencia de los Estados Unidos, sin que nadie en su país o fuera haya discutido seriamente su legitimidad. Con exageraciones se hace política y campaña, se descalifica a los adversarios y se construyen los miedos que cosen el odio en nuestra época. Con trolas contadas por trapisondistas bien pagados se alimenta el debate interno de una sociedad que se refleja e identifica en Got Talent, Sálvame o Gran Hermano. Y con memes de todos los gustos, colores e ideologías, se entretiene el voraz apetito de extravagancias que aletarga la conciencia crítica de una sociedad que creímos era de la información y resulta que es apenas del ruido.

En fin, será predicar en el desierto, pero yo reclamo una aclaración pública a los despropósitos sean ciertos o atribuidos. Sí, es verdad que la ruina de Thomas Cook es la más grave crisis a la que se enfrenta el turismo canario desde la crisis de los precios del petróleo en el 73. ¿Pero hace falta decir que Thomas Cook representa el 80 por ciento de la conectividad (curiosa palabreja) de Canarias?

Acabaremos por no creer absolutamente nada que diga nadie.

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