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OPINIÓN | El bar de Pepe | El Marqués de Galapagar | Joaquín Hernández

La cuestión es lo de siempre, la condición del ser humano como animal lleno de ambiciones y capaz de todo por el poder. El poder, de cualquier clase o tipo, cambia a las gente, el poder político, que es el primer peldaño para alcanzar el poder económico es lo más fácil para escalar esa difícil escalera que colma las pretensiones de cualquier animal de dos patas.

Lo que ocurre es que para llegar a la cúspide, a lo más alto de esa oscura pirámide, se necesita dejar de lado viejos postulados, ideas primitivas, objetivos nobles y empezar a sufrir una metamorfosis que implica aquel dicho de Felipe González; “en política vale todo”.

El caso más llamativo de esta especie de ciclo vital que va de huevo a oruga o larva a crisálida y adulto, lo acaba de protagonizar el personaje al que ya me atrevo anticipar será el suceso por designación real del Marquesado de Galapagar, Pablo Iglesias y su consorte Irene Montero.

El líder podemita se ha ido transformando de manera increíble, ha engañado y defraudado a su electorado, y no sólo eso, además se mofa de cada uno de sus militantes, de una forma escandalosa y, si me lo permiten, hasta cierto punto tratando a sus seguidores como verdaderos gilipollas esféricos.

El tema de la investidura de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno de España, es como siempre, o, mejor dicho, como siempre nos tiene acostumbrado el sr. Iglesias, un verdadero galimatías, sobre todo  si tenemos que contar con el apoyo de Unidas Podemos para que gobierne la izquierda, unas veces porque si y otras porque no, el caso es que en los últimos cuarenta años jamás habíamos asistido a un espectáculo político de tamaña vergüenza, ambición y cinismo de un curioso personaje que con el paso del tiempo se convertirá en todo un noble caballero de la corte del Rey Felipe VI.

Les voy a mostrar algunas de sus intervenciones más “ilustres” es decir a bombo y platillos “alabando” a la casa real, de la que decía : “en democracia es legítimo decir que se tiene que abolir la monarquía”, o “España no necesita un rey “preparao”, “La República española será un hecho desde el momento que se reforme la Constitución y nos dejen votar en contra de la monarquía parlamentaria como forma de Estado”, “El rey fue  impuesto por Franco como continuador de su dictadura”, y como estas cientos y cientos de declaraciones sobre el Rey de España, lo que quiere decir que su “admiración” y su lealtad a la corona está fuera de toda duda.

Ahora se ha dirigido a su graciosa Majestad Felipe VI para que haga valer su jefatura del Estado para que intermedie ante Pedro Sánchez y le haga desistir de ir a unas nuevas elecciones, eso si con un gobierno de coalición formado por el Psoe y Unidas Podemos y aceptando lo que anteriormente había rechazado, es decir, la vicepresidencia y tres ministerios.

Por lo visto el Licenciado en Derecho y en Ciencias Políticas, Doctorado en Ciencias Políticas, Politólogo y Máster en Humanidades parece no conocer la Constitución Española en cuanto a su título III De la Corona y su artículo 62. Por lo visto de la Carta Magna Española solo sabe lo que repite, nada más.

No cabe la menor duda de que Felipe VI hará puto caso a las peticiones del chico de la mochila y la coleta y hasta haría bien si lo manda hacer puñetas de una puñetera vez.  Si Pablo cambia y  deja su rollo anti monarquía, pasará lo de siempre;  que cuando los revolucionarios toman el palacio presidencial llegan los mangantes, los truhanes, los mercachifles  y mamones emboscados, jubilan a los de la parabellum y a chupar del pastel, ya sea de marques, de conde o de vicepresidente consorte.

De algo estoy convencido que Felipe VI al mismo tiempo de la reforma constitucional para cambiar la ley Sálica en torno a la figura de la infanta Leonor como  sucesora a título de Reina de España, otorgara el Marquesado de Galapagar a Pablo Iglesias y a su consorte Irene Montero. Tiempo al tiempo.

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