FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | A Babor | Para meter miedo | Francisco Pomares

La Consejería de Hacienda anunció ayer que había respondido al requerimiento formulado por la Secretaría de Estado, sobre las medidas aprobadas por el Gobierno regional para reequilibrar los presupuestos canarios de 2019, para evitar romper con la Estabilidad Presupuestaria. El departamento de Román Rodríguez (el mismo Román Rodríguez que a finales del pasado año acusaba al Gobierno anterior de cobardía por no pasarse la regla de gasto por el arco de triunfo), recuerda que tanto la Airef como la Secretaría de Estado de Hacienda han manifestado en distintas ocasiones en los últimos meses su preocupación por la desviación presupuestaria de las cuentas canarias, tanto en lo que se refiere al déficit como a la regla de gasto.

La merma en los ingresos, de 482 millones de euros, tampoco es para tanto, sobre todo porque esa situación es consecuencia del bloqueo de las transferencias pendientes del Estado. Hacienda cree que responde también a «una errónea previsión de los ingresos tributarios» y «al impacto de las rebajas fiscales». En la nota de Rodríguez, se dice que eso opinan los técnicos de Hacienda, pero lo cierto es que los técnicos no han cambiado en los tres meses que median desde que Rodríguez está al frente de la Consejería. Los que atribuyen el desvío presupuestario a un calculo erróneo de las previsiones de ingresos, y al impacto de las rebajas fiscales, son los mismos técnicos que calcularon el año pasado el volumen de esos ingresos y el impacto de las rebajas en el presupuesto.

Ocurre que ni los técnicos ni los políticos pueden preverlo todo: no podía saberse que un tal Boris Johnson se convertiría en primer ministro británico, apostaría por un brexit salvaje y provocaría una importante caída del turismo en Canarias, que ha reducido el consumo y por tanto los ingresos del IGIC. También era difícil adivinar que el Gobierno de Sánchez no transferiría a las Comunidades Autónomas los 7.000 millones previstos en las entregas a cuenta de la financiación, porque Sánchez y su Gobierno no han conseguido los votos para la investidura, están por tanto en funciones, y la Abogacía del Estado no deja al Gobierno en funciones cursar pagos que podrían hipotecar al Gobierno finalmente elegido. Nunca le importó mucho a Sánchez la opinión de los abogados del Estado (véase lo ocurrido en relación al procés) pero en esta ocasión le viene bien ahorrarse esos siete mil kilos y enjugar el déficit nacional, que ese sí que se sale de las previsiones.

La Hacienda canaria (yo sospecho que eso no es cosa de los técnicos) está exagerando el impacto de la reducción de recaudación en las cuentas. Lo realmente grave es el dinero que no llega de Madrid, que representa más de la mitad de la desviación, aunque eso no se diga nunca. ¿Por qué se oculta? Pues porque eso es responsabilidad directa de Sánchez, mientras que la reducción de ingresos puede imputarse a la herencia recibida, a decisiones del Gobierno Clavijo, como la reducción de medio punto del IGIC, o las desgravaciones y deducciones fiscales. En cualquier caso, el objetivo de esta pequeña kermesse sobre el incumplimiento de los presupuestos 2019 es meternos el miedo en el cuerpo. Meter miedo y justificar una inminente subida de impuestos. De eso va todo esto.

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