FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | A Babor | La fiesta | Francisco Pomares

Gustavo Matos ejercía en la puerta de primera autoridad de hecho, con Ángel Victor aún in pectore, y Clavijo retirado del mundo y sus fastos por publicación en el Boletín Oficial de la Comunidad Autónoma. Podría decirse que don Gustavo no cabe en el traje desde hace un par de semanas, pero sería decir poco: ni cambiando a tres tallas más cabría don Gustavo en traje alguno. Estratégicamente situado en la puerta de acceso al búnker hiperhormigonado de la Presidencia de Canarias, frente al Múltiples dos, don Gustavo recibía uno a uno y con felices aspavientos a los que iban llegando a la primera fiesta del PSOE canario tras años de solitario deambular por los desiertos del sinpoder. Encantado de haberse conocido, el feliz presidente Matos esperaba la llegada del ministro y del presidente in péctore.

Me colé antes de que llegaran los ansiados ilustres: arriba, en la segunda planta, cientos de satisfechos -los socialistas-, de insatisfechos -los dimisionarios-, un manojo de ex (Paulino y Clavijo se ignoraban en primera fila, uno al lado del otro, espalda contra espalda, atrincherados tras una indiscreta arrogancia), el obispo, los militares habituales y una enoooorme, inagotable cosecha de aspirantes a algo, o de ya premiados en los repartos locales, o de llegados de todos los lugares de las islas a preguntar por lo suyo, o de simples afiliados, simpatizantes o votantes cortesmente eufóricos.

Llegó por fin Ángel Víctor, le leyeron el nombramiento y pronunció un discurso tan sospechosamente ‘recorta y pego’ del de la investidura, que el hombre hasta anunció sin pudor, como quien resuelve por economía de esfuerzo propia y ajena, que iba a decir lo mismo que en Teobaldo Power, «más breve pero igual de intenso». Y cumplió lo prometido: descartó las partes programáticas y le dio más vuelo al recuerdo del pasado, su familia socialista, la represión, el valor de la doctrina y el catálogo de buenas intenciones que acompaña siempre al que arranca.

Se esmeró en acabar en poco más de un cuarto de hora, lo justo para despertar una ola de aplausos con deseo de más, aplausos de los presentes a un liderazgo que se bautiza, pero también aplausos porque se van los que ahora se van, aplausos entre el alivio y las ganas contenidas por 26 años de no poder aplaudir a los de uno, porque los de uno -ganaran o no ganaran- nunca eran los que entraban.

Luego vinieron los cantos canarios de rigor y más aplausos, y los que ni son de la tribu ni esperan poder serlo se fueron deprisa y sin disimulo, pero la gente del PSOE siguió por allí casi una hora, felices de conocerse y haberse encontrado, casi tanto como Gustavo Matos compitiendo en el concurso de trajes tres tallas más pequeñas con Román Rodríguez, satisfechos todos en el amanecer de la nueva-era-en-la-que-las-expectativas-serán-cubiertas.

Una arcadia de grandes promesas y grandes logros en la que el PSOE tendrá más poder del que jamás tuvo en Canarias. Un tiempo en el que habrá tanto y tan bueno para premiar a los leales, que ayer las caras tradicionalmente circunspectas, preocupadas del «¿qué hay de lo mío?» parecían mantener cierta distancia del temor a quedarse fuera del reparto. Porque ayer, con la sala a rebosar de personajes a la espera de destino, la sensación no era la de que no vaya a haber «cama pá tanta gente». Más bien era justo la contraria: que el PSOE no encuentre «gente pá tanta cama»?

Imagen: Facebook

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