FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | A Babor | Gajes del oficio | Francisco Pomares

El ejercicio del periodismo siempre ha sido profesión de muy alto riesgo. Verbigracia: dos colegas de distinto tipo y pelaje fueron honrados el pasado domingo por Canarias 7, con honores de noticia de primera (con repetida continuidad el lunes), al parecer porque no son capaces de ganarse la vida sólo dedicándose al periodismo. La noticia que deberían saber quienes aspiran a trabajar en esto es que para la mayoría -incluso los muy buenos- vivir de escribir es difícil. No todo el mundo puede trabajar como adjunto al Diputado del Común y escribir sus columnas sin cobrarlas. En un mundo ideal, los periodistas deberían vivir exclusivamente dedicándose al periodismo. Pero no es tan frecuente eso: un ejercicio de clasificación sobre quienes de los que escriben -o hablan- en los medios viven sólo de lo que les pagan los medios podría sin duda reportarnos enjundiosas sorpresas.

Claro que no todos los que escriben o hablan en los medios tienen por qué vivir del periodismo? hubo un tiempo -no tan lejano- en el que cualquier profesional podía escribir lo que quisiera en un periódico -incluso dar su opinión sobre lo que pasa en el mundo o en esa parte pequeña del mundo que es su aldea-, sin temer que eso le pudiera suponer aparecer con su nombre a cinco columnas en la primera de un rotativo envalentonado. Pero es que antes los periodistas no estaban (al menos no como ahora) en la brega cotidiana de la polarización. Hoy ser periodista es formar parte de un ejército en guerra contra otro ejército perfectamente identificado (el medio o los medios de la competencia), con aliados, ideologías e intereses enfrentados.

Vivimos en un mundo donde el frentismo lo contamina e infecta todo, y exige -cada vez más- militar activamente en el ejército que te toque, y pelear en las guerras en las que pelee tu ejército, aunque tú no las hayas elegido. Por supuesto que puedes no hacerlo, puedes optar por quedarte al margen, disfrazarte de suizo, pero entonces lo más probable es que te conviertas en enemigo de todos. Pero nada de esto es tan nuevo. A ver? llevo suficientes años en este oficio para haber pasado por casi todo: he visto a políticos y capitanes de empresa pedir mi cabeza (y he sufrido que se la dieran), he escuchado a gente acusarme de cosas que sabían falsas, y hasta he aguantado a un mismo energúmeno (sigue dándome la vara en Facebook) que en dos etapas distintas de su vida me ha censurado primero por ser muy facha y luego muy rojo, sólo porque él evolucionó con los años desde la ultraizquierda al sector más rancio del PP. Y antes de sufrir ataques organizados en las redes, he aguantado cartas anónimas con amenazas a mí y a mis hijos, casi un centenar de denuncias (hasta ahora nunca perdí ninguna, cruzo los dedos, sobre todo porque alguna merecí perder), y un par de agresiones más o menos violentas. O que tiraran huevos contra los cristales de las ventanas de mi casa, llamaran a mi mujer con historias de cuernos y hasta algún incidente realmente grave. Siempre he pensado que son gajes de este oficio y su delirante deriva. Y entiendo que haya quien se acobarde con estas cosas. Pero yo tengo ya sesenta años, los hijos criados, la luz pagada y poco que perder. Sin chulería, ocurre que a mí estas broncas me ponen: entre otras cosas porque sé que hoy es más difícil callar a alguien que tiene algo que decir.

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