FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Catalunya, sin salida | Salvador García Llanos

Lo de Catalunya no tiene solución. Eso lo condensa todo. Ni voluntad expresada en las urnas ni simpatía o identificación con la causa independentista en pleno declive dicha ante las encuestadoras. Ni el triunfo electoral de una opción que se ha mostrado proclive al diálogo ni la necesidad de acabar con una desazón demasiado prolongada en una sociedad fracturada. Ni los estancamientos en la productividad ni la retirada de empresas del territorio ni el radicalismo excluyente ni los populismos tendentes a la violencia. Nada… no hay visos de solución. Ni siquiera de aproximación a la estabilidad. Nada…

Los separatistas no quieren a Miquel Iceta como senador autonómico para luego, con una mayoría amplia, convertirlo en presidente del Senado. Da igual su probado catalanismo. Ni un gesto ni un amago de tolerancia.
Entonces, todo sigue igual. El ‘no’ a Iceta pone a Pedro Sánchez, futuro presidente del Gobierno de España, en el primer repecho del nuevo ciclo político. El problema catalán está bien enquistado: los independentistas, que quieren un referéndum pactado, no aceptan que un coterráneo sea senador del Reino y presida la Cámara Alta. En el repecho, Sánchez ha sido claro: vetar a Iceta es un veto a la convivencia, el entendimiento y el diálogo.

Para que vea cómo se las gastan los que hablan de Estado opresor y que no hacen nada para aproximar una solución. Es como si jugaran a todo o nada. A independencia o a conflicto permanente: eso sí, el Estado de derecho es para otros. ¿155 de la Constitución? Música estridente del centralismo. Pero, ¿qué diálogo es el que quieren entablar, qué clase de pacto quieren alcanzar?

Claro que ese veto es dilatar o no querer las posibles soluciones. Instalados en la tensión y la bronca, mejor. Cuanto peor, ya se sabe, mejor. El repecho anticipa que será una dura escalada. El problema territorial sigue siendo grave, está latente. Frenos o vetos como este de Iceta solo ponen en evidencia que unos no quieren. No le den más vueltas: no hay nada que hacer. Sánchez sabe que le están esperando en la bajadita, si es que vale el diminutivo en este conflicto tan enredado.

Seguro que lo va a seguir intentando, fiel a su ‘manual de resistencia’ Pero que no albergue ilusiones: cuando la otra parte se enroca, los siguientes movimientos son muy complicados.

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