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OPINIÓN | El bar de Pepe | Euskadi, Cataluña y Arnaldo Otegui | Joaquín Hernández

Arnaldo Otegi, en una entrevista para Salvados de la 6ª tv confesó:

tengo la certeza que a una parte del Estado Español le interesaba que ETA continuase matando”, incluso llega a decir que “en la actualidad, esa parte del Estado español sigue interesado en que no desaparezcan los asesinos de ETA”.

Si esas declaraciones hubieran sido acertadas, si la inestabilidad política  y social en el País Vaco interesó a miembros del Estado, estaríamos ante una situación de incertidumbre y grave preocupación por el tema secesionista catalán, que se contempla mucho más peligroso que el problema de los vascos.

La irrupción del partido de ultra derecha Vox en la cámara de diputados con 24 diputados implica que más de 2.5 millones de españoles creen en Santiago Abascal como salvador de la patria y nexo de unión de la España unida por la gracia de Dios, puede suponer un parapeto para que los violentos ejecuten el terror en Cataluña. No sería la primera ni la última vez que la ultra derecha atenta contra el mismo pueblo que dice defender, de lo que se trata es de crear el caos, la confusión echando la culpa a los “otros”, la prueba la tenemos en los atentados de la Rambla de Barcelona, ¿se pudo evitar los atentados de Barcelona y Cambrils? Fuentes autorizadas han comentado “existía información suficiente, suministrada por Interpol y la gendarmería francesa en el sentido de un posible atentado Yihadista en la ciudad Condal.

La teoría de la conspiración de Arnaldo Otegi carece de fundamento y sobe todo de datos objetivos sobre el interés y participación del Estado español en la violencia etarra.

Desde la perspectiva de lo catalanes y con la experiencia del problema que, durante 30 años, vivieron los vascos, que arruinó totalmente a toda la comunidad, no es viable utilizar la violencia en el territorio catalán y parece que no están por la labor.

El país vasco,  se ha trasformado de ser un territorio hostil, donde la extorsión, el secuestro, los asesinatos, el impuesto “revolucionario”, la ley del terror, un país que abandonaban miles de empresarios ante el temor a que la banda de asesinos pudiese atentar contra él y su familia, un país que nadie quería visitar.

El miedo era tan enorme que  solo pronunciar el nombre de Euskadi producía escalofríos, la kale borroka cada dos por tres por las calles de Bilbao o San Sebastián, cócteles molotov, agresiones, cargas policiales, ese era el espectáculo dantesco que se le ofrecía al turista, mejor dicho, a los pocos turistas que se arriesgaban a cruzar la línea roja de Euskal Herría.

La paz en Euskadi ha conseguido lo siguiente: El PIB de los vascos ha aumentado al 3,1%, la renta per cápita del año 2018 fue de 32.459 € superior a la media del resto del estado español. La tasa de paro (EPA) es de un 7,9%, un 60% menor que la del esto del estado español.

El turismo ha crecido de manera increíble, más del 80% con respecto al año 2000, vuelven las sonrisas en el rostro de los vascos, se nota la falta de miedo que les tenía atenazados.

Hoy se puede hablar de todo, o  casi todo, ETA está aún activa, viva y coleando, si son ciertas las apreciaciones de Otegi respecto al interés de una parte del Estado por reavivar la matanza etarra, habrá que ir con pies de plomo.

El pueblo vasco ya ha decidido, no hace falta ningún referéndum  para reafirmar que todo el mundo quiere vivir en paz, sin importarles más historias que contarles, sólo quiere paz, comida, salud y trabajo, lo demás son monsergas de los ayatolas padres de la patria.

Arnaldo Otegi seguirá queriendo hablar de la patria vasca, seguirá diciéndonos sobre la libertad de Euskadi y dándonos lecciones de “demócrata” pero él sabe muy bien que su conciencia, si es que la tiene, no le dejará en paz el resto de sus días porque nunca habrá paz para los malvados.

 

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