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OPINIÓN | Metáforas | Agustín Gajate Barahona

No soy una persona creyente, más bien soy bastante incrédulo, pero reconozco que me gustan algunas de las manifestaciones artísticas vinculadas a las creencias religiosas de las sociedades de diferentes épocas, como las pirámides de Egipto, las catedrales góticas europeas, las mezquitas, los templos griegos y romanos de la antigüedad clásica y los orientales de origen budista, sintoista o hinduista.

También me gustan algunas de las expresiones artísticas menos monumentales, más efímeras y populares vinculadas a los símbolos religiosos, como las recientes cruces de mayo y las alfombras del Corpus. En el caso de las cruces de mayo, me encanta la creatividad de quienes las elaboran con todo tipo de materiales, aunque las flores, tallos y hojas de las plantas suelen ser las principales protagonistas de los adornos en los barrios y de las cruces de instituciones, colectivos y empresas que se ubican en el Paseo de las Tinajas, por encima del Parque García Sanabria de la capital tinerfeña, confeccionadas estas últimas por prestigiosos floristas y diseñadores.

Pero si hay un conjunto de cruces que me sorprende cada año son las que preparan los alumnos de los centros educativos de la ciudad, situadas en la Rambla, en el tramo que va desde la plaza de toros hasta la Calle Numancia. A lo largo de este espacio la creatividad se desborda, tanto que llega un punto que la imaginación trasciende las líneas propias de la cruz para conformar una realidad fantástica con las preocupaciones y anhelos de las nuevas generaciones.

Lo primero que llama la atención es que estas cruces están elaboradas con materiales reciclados y que en la mayoría de ellas subyace un mensaje de conservación y cuidado de la naturaleza y el medio ambiente. De todas las propuestas que se exhibieron este último año, me resultaron especialmente interesantes dos: La primera fue la presentada por los alumnos de infantil y primaria del CEIP Villa Ascensión con el título de ‘Caos Galáctico’, donde la cruz se convertía en una especie de puerto-ciudad espacial, donde se podían contemplar estacionadas todo tipo de naves y se apreciaba una amigable convivencia entre todo tipo de alienígenas procedentes de planetas todavía sin localizar de nuestro cosmos. No conseguí encontrar en este lugar a ningún ser humano, por lo que intuyo que el deseo de los escolares es que solucionemos nuestros problemas internos de coexistencia pacífica y de aceptación de la diferencia para llegar en un futuro no muy lejano a incorporarnos a esta compleja y avanzada comunidad interestelar.

La segunda propuesta que me impactó y emocionó gratamente fue la presentada por el Centro de Educación Especial Nuestra Señora del Carmen ‘Aspronte’ y que consistía en convertir a la cruz en una mariposa. La metáfora me pareció fascinante, porque tanto la cruz como la mariposa representan elementos transformadores. Desde el punto de vista cristiano, la cruz es el lugar donde muere la persona que luego resucita en otra dimensión de la realidad, mientras que la mariposa es el resultado de una metamorfosis que le permite volar y viajar a lugares a donde el gusano que fue antes de convertirse en crisálida nunca hubiera soñado llegar por sus limitaciones.

Como sociedad y como individuos nos queda mucho que aprender de personas como las que han sido capaces de crear una metáfora artística y filosófica como ésta y sobre el valor de las capacidades ocultas o a las que no les damos importancia. Si alguna de estas personas asesorara a políticos y empresarios igual el mundo funcionaría mejor, no tendríamos tantos problemas y podríamos integrarnos más rápidamente en la comunidad interestelar que nos está esperando ahí fuera, aunque probablemente, para lograrlo, necesitemos afrontar primero una profunda metamorfosis mental y espiritual.

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