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OPINIÓN | Santa Cruz y su puerto son lo primero | José Manuel Bermúdez Esparza

Quiero empezar estas líneas sumándome a las felicitaciones que ha recibido El Día por recuperar el espacio histórico de las páginas portuarias que, bajo el epígrafe El puerto es lo primero, han acompañado a varias generaciones de chicharreros y tinerfeños.

Para Santa Cruz es una gran noticia, porque no se puede entender lo que ha sido, es y será la ciudad sin tener en cuenta a su puerto. Nuestro desarrollo económico y social ha ido parejo a la evolución de éste, de modo que también condicionará nuestro futuro.

La importancia del puerto y de la actividad portuaria ha sido una bendición para Santa Cruz, independientemente de que a lo largo de la historia se hayan podido levantar muros -metafórica o literalmente- que nos han separado más de lo debido.

Pero hoy estamos más cerca que nunca de derribar algunos de esos obstáculos y de que los chicharreros puedan recuperar el paseo por el mismo cantil del muelle, transitando libremente desde el entorno de la plaza de España.

Precisamente, el proyecto de reforma de la plaza de España está a punto de culminar, al igual que el acondicionamiento de la explanada superior al túnel de la vía de servicio del puerto. Con estas actuaciones, sumadas a la extensión que ya ganamos en su momento sobre el otro túnel -el de la vía litoral- Santa Cruz ganará unos 30.000 metros cuadrados para el ocio y recreo familiar.

De esta manera, la labor de las administraciones canarias -Ayuntamiento de Santa Cruz, Cabildo de Tenerife y Gobierno de Canarias- queda completada.

Y ahora la ciudad tiene que dar el salto definitivo. Para ello es imprescindible que la Autoridad Portuaria avance en la reordenación de sus propios espacios y agilice los procedimientos para que puerto y ciudad queden definitivamente enlazados. Para que los dos ganemos.

Una alianza que, sin embargo, no debe quedar ahí. El puerto de Santa Cruz es, como digo, un pilar de nuestra economía. Por eso, no podemos permitirnos ni la pérdida de influencia, ni de actividad, ni del empleo.

Hay espacio suficiente en la franja portuaria para el uso industrial, el turístico, el recreativo o el de servicios. Todos ellos son perfectamente compatibles y no debemos dejar de aprovechar al máximo todas las herramientas fiscales de las que disponemos, como la Zona Franca o la ZEC para el establecimiento de nuevas actividades que permitan su crecimiento.

Y, especialmente, el mantenimiento de las empresas y los puestos de trabajo asociados, como es el caso de las reparaciones navales, no solo como garantía para el sostenimiento del empleo, sino también como elemento básico para esa diversificación de las actividades portuarias y, en consecuencia, de su mayor competitividad.

Santa Cruz es una ciudad portuaria. Y su futuro depende en gran medida de que siga siendo un enclave referencial en su zona de influencia, que no es otra que el Atlántico Medio.

 

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