FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | A babor | La bronca recurrente | Francisco Pomares

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Como estamos en campaña, ya no basta con certificar que existe la bronca. Ahora se trata de dilucidar si fue primero el huevo o la gallina, si primero empezó Sánchez a ningunear al Gobierno regional o fue primero el Gobierno regional quien decidió que había que ir al conflicto con Sánchez. La hemeroteca nos dice que Coalición apoyó parlamentariamente a Rajoy a cambio de una agenda que entonces suscribieron todos los partidos. Cuando se presentó la censura contra Rajoy, Ana Oramas optó -quizá por inercia- por apoyar a Rajoy. Luego calculó mejor y decidió abstenerse, pero el conflicto con el PSOE ya estaba montado, y en unos días la agenda canaria pasó a ser papel mojado. El Gobierno regional tocó a rebato y desenterró el hacha de guerra, quizá pensando que el PSOE se achantaría. Pero el PSOE ha ido a más.

Esta vez la bronca con Madrid no ha funcionado a efectos de negociación. Pero el enfrentamiento siempre le ha resultado rentable a los nacionalistas en época de elecciones. Esa es la verdad, y también lo es que resultaría del género cándido no aprovechar el rédito electoral que proporciona el recurso al victimismo y al complejo. En Canarias llevamos décadas recurriendo a los agravios, el desprecio y la desatención, más pendientes de denunciar cómo nos trata la metrópoli que de arreglar los propios problemas por nuestra cuenta y riesgo.

En esta región hay grandes especialistas en maquillar la propia inanidad política en el malvado desapego de la nación. No decimos eso de «España nos roba», porque es difícil esconder que más bien nos mantiene. Pero estamos abonados a la bronca: nos pasamos una entera legislatura sacándole punta a una cruenta guerra del petróleo, cuando ni siquiera había petróleo que guerrear. Pero lo curioso de este asunto de la bronca recurrente no es la inutilidad de tantas belicosidades, sino el hecho de que el ADN bronquista de los coalicioneros haya logrado contagiar a sus aliados alternantes, el PSOE y el PP, ferozmente reivindicativos a veces, pero siempre dependiendo de si gobiernan el Reino los tuyos o los otros: si son los tuyos, las afrentas se olvidan y pelillos a la mar, si los otros, se convierten en cuestión de vida o muerte.

Un ejemplo perfecto del asunto es el convenio de carreteras, que el PP se pasó mismamente por el arco de triunfo, atendiendo a la gravedad de la pasada crisis. Ahora desde el PP se apoya al Gobierno regional en su reclamación de que los cuartos vuelvan a Canarias. Lo hacen los mismos que justificaron compungidos la necesidad de secar el grifo de los convenios porque la crisis no podía permitirse esos excesos. El PSOE capitaneó la rebelión contra los recortes, y fueron los socialistas aliados de Rivero los que hicieron que el Gobierno de Canarias presentara ante el Supremo los recursos que acabarían dándole la razón al Gobierno regional, y sentenciando que la nación tenía que devolvernos los cuartos negados. Ahora, tras los manejos para que el dinero recuperado en los tribunales vaya a enjugar el déficit patrio, el PSOE reniega de lo que se tercie y defiende con ahínco el trilerismo de Ábalos & Cía.

Sean cuales sean los motivos de la bronca, si quien Gobierna en Madrid es de los tuyos, el maltrato es afrenta inventada o artera maniobra sin más sentido que rascar votos.

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