FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | A babor | Palabra de Felipe | Francisco Pomares

Algunos amigos más jóvenes que yo no logran entender la fascinación y el respeto que siento por Felipe González. Puedo entender que no me entiendan, pero ellos no pueden entender lo que Felipe (el primer político al que aprendimos a llamar por su nombre) representa para muchísima gente de mi generación: un tipo que gobernó este país durante quince años ─cuatro legislaturas─, en las que España cambió hasta hacerse irreconocible. Felipe logró centrar el país y las políticas de la izquierda, nos metió en Europa, acabó con el aventurerismo militar, universalizó la asistencia sanitaria, y modernizó la economía.

Tantos años de gobierno dieron para más cosas, claro: despilfarro, corrupción, avaricia, clientelismo, mediocridad, adocenamiento. Pero yo dudo que haya pasado por la geografía de las democracias españolas del pasado siglo un gobernante con la influencia transformadora y la talla de González. Cuando me da por contar batallitas y hablo de su extraordinaria capacidad de comprensión de los problemas, de su brillantez en la síntesis y de la claridad de sus propuestas, la mayor parte de mis amigos me miran como si dijera marcianadas.

Algo tiene que ver que en la retina de muchos de ellos, el imaginario del felipismo sea la instantánea atroz de un señor gordo en bañador fumándose un puro sobre la cubierta de un yate. Hay quien se fija mucho más en esas cosas, yo ─que no fumo puros, pero comparto tamaño de barriga─ prefiero quedarme con las dos recientes aportaciones que el expresidente ha hecho al debate público: la necesidad de un nuevo contrato social, y ─la última, la noche del lunes, en un acto con Miquel Roca en Barcelona─ sobre la única salida seria que le queda a Cataluña, que es apostar por la federalización del país. Echa uno de menos que las cosas complicadas se expliquen de forma sencilla, y por eso reconforta encontrar que aún hay quien puede y desea hacerlo.

Sobre la necesidad de un nuevo contrato social: la derecha no para de jurarnos que bajará los impuestos sin que sufran los servicios, mientras a izquierda gasta el dinero de nuestros nietos prometiéndonos que eso salvará la economía. Ambas cosas son mentiras: si queremos mejor sanidad, mejores escuelas, mejores pensiones, más carreteras, policía y atención a las mujeres maltratadas, tenemos que pagarlo. Tendremos que pagar más para tener mejores servicios. Y tendremos que ser nosotros quienes lo paguemos. Decir lo contrario es engañar a los ciudadanos, tratarnos como idiotas, que es lo que hacen día tras día quienes hoy nos gobiernan o nos quieren gobernar.

Sobre Cataluña? y cito: «hoy Cataluña está más cerca de perder el autogobierno que de ganar la independencia». Es algo tan obvio que parece mentira que tenga que venir un presidente del siglo pasado a contárnoslo. «La única salida para Cataluña es una reforma constitucional que avance en dirección a un Estado federal». Por si acaso, recordar que el Estado federal es una fórmula de compromisos en la que el poder central hace de árbitro y garantiza el cumplimiento de las leyes y la solidaridad entre ciudadanos y territorios. Ahora lo que tenemos es un Estado de las Autonomías. Más descentralizado que Alemania, con un sistema electoral que centrifuga el poder central y conspira contra la continuidad de la nación. La mejor opción es empezar a ponerse de acuerdo y cambiarlo.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario