FIRMAS Francisco Pomares

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Tal y como se esperaba, el Tribunal Supremo confirmó ayer la condena dictada por la Audiencia Provincial de Tenerife contra Miguel Zerolo y el resto de los acusados en el caso de Las Teresitas, condenando así al exalcalde de Santa Cruz de Tenerife a siete años de prisión, que deberá comenzar a cumplir inmediatamente. El Supremo ha confirmado también la pena de siete años de cárcel para el exconcejal de Urbanismo Manuel Parejo, de cuatro años y seis meses para el exgerente de Urbanismo José Tomás Martín González y de cinco años y tres meses para los empresarios Antonio Plasencia e Ignacio González. Todos ellos entrarán en prisión.

La sentencia -contra la que ya no cabe recurso viable, más allá de una hipotética e inútil reclamación ante los tribunales europeos- supone el cierre definitivo del caso Las Teresitas, iniciado tras la compraventa hace casi veinte años del frente de la playa chicharrera, por un importe de 52,5 millones de euros, cuando el precio de mercado era sustancialmente inferior, según demostraron durante el procedimiento diversos informes periciales.

El juicio de Las Teresitas supuso una auténtica catarsis para la vida política tinerfeña, al afectar no sólo al exalcalde de la capital, sino también a dos de sus empresarios más importantes e influyentes, vinculados durante años a instituciones como la Cámara de Comercio, CEOE-Tenerife o la desaparecida CajaCanarias, entidad financiera que también resultó salpicada por una operación contestada por el Banco de España. En el caso han resultado condenados concejales del grupo de gobierno y funcionarios del ayuntamiento, pero ningún directivo de la Caja que concedió el crédito necesario para materializar la operación por parte de los empresarios, operación que acabó con la mítica baraka de Zerolo, hoy completamente alejado del partido con el que logró mantener mayorías municipales ininterrumpidas desde que Hermoso le cedió la alcaldía en 1995, ganando holgadamente como candidato las municipales de 1999, 2003 y 2007, está ultima vez después incluso de que el juez Garzón le hubiera implicado en el caso Fórum Filatélico, y el Supremo hubiera suspendido la compra venta de Las Teresitas.

Aislado hoy de la política y la vida social tinerfeña, censurado por los mismos que aplaudieron a rabiar su ejecutoria edilicia y despreciado por quienes defendieron por encima de cualquier duda razonable su inocencia, Zerolo se enfrenta también a la reclamación de que devuelva el dinero invertido por el ayuntamiento en la operación, mientras reflexiona -al margen de todos los focos- sobre la vieja sentencia sic transit gloria mundi.

Porque Zerolo llegó a ser el verdadero hombre fuerte de Tenerife, la mayor apuesta de una parte de la sociedad chicharrera que veía en él a un personaje carismático y osado, un tipo con una agenda llena de golpes de efecto, amigos en todos los barrios y todas las clases, y una despreocupada actitud ante las cautelas, que le llevó a creer que la compra de Las Teresitas y su preservación como playa pública intocada, le convertiría en un héroe popular. El héroe que Tenerife necesitaba, munificente, carnavalero, entregado al gasto, la inauguración y la fiesta, populista hasta la médula, desafiante y un punto apenas indepe, lo justo para captar el voto y el aplauso del tradicional nacionalismo criollo de la Isla.

Ese fue Miguel Zerolo: jamás se le vio achantado por los acontecimientos, hasta el mismo juicio, cuando prefirió escudarse tras sus subalternos para evadir su propia responsabilidad. Supongo que nunca pensó que esto pudiera llegar a pasarle a él. Se equivocó.

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