FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | A babor | La plaga | Francisco Pomares

Vecinos de Tacoronte se manifiestan hoy para protestar por la falta de respuesta pública ante la plaga de termitas que les afecta de manera creciente desde hace dos años, cuando las termitas llegaron de Estados Unidos, probablemente en maderos infectados. Todo el material de madera de sus casas y enseres se encuentra en estado de siniestro absoluto. Quien no ha padecido la extraordinaria voracidad de estos bichos no puede entender el estado de postrada desesperación de centenares de familias, a las que las administraciones parecen incapaces de ofrecer una respuesta. Primero la administración municipal, responsable principal de la inacción ante una plaga cuyas primeras señales se produjeron en 2010, cuando fue detectada en una urbanización de Tacoronte, cuyos vecinos contrataron a una empresa privada de desinsectación, y procuraron evitar que el asunto trascendiera, para no perjudicar el valor de sus inmuebles. Las termitas fueron controladas ese año, pero volvieron a aparecer con más intensidad en 2017, y desde entonces, el ayuntamiento ha mirado para otro lado, como si la expansión de la epidemia -localizada inicialmente en unas sola urbanización- fuera un asunto que sólo afecta a quienes la padecían.

La colocación, desde hace pocas semanas, de cepos químicos en algunas viviendas y lugares públicos, llega ya muy tarde, cuando la plaga se ha extendido a La Laguna y -asombrosamente- a Arona, y amenaza con infectar inmuebles de gran valor patrimonial e histórico en Tacoronte y la ciudad de Aguere. No existe aún un diagnóstico sobre los daños causados en Tacoronte y La Laguna, menos aún sobre la verdadera extensión de la plaga, pero la incompetencia absoluta del ayuntamiento donde se detectó la epidemia, ha obligado al Cabildo y al Gobierno regional a preparar un conjunto de actuaciones que persiguen erradicar la termita ¡¡¡en los próximos diez años!!!, y destinando a ello un presupuesto que podría llegar hasta los diez millones de euros. Las condiciones climáticas actuales no parecen las mejores para intervenir, y el Cabildo considera que será mejor actuar después del verano.

Mientras, el alcalde de Tacoronte, Álvaro Dávila, ha ordenado colocar cien cepos en las zonas que parecen más afectadas. Supongo que pretende dar la sensación de que por fin hace algo, pero los expertos consideran que querer contener con un puñado de dispositivos a una población que alcanza millones de ejemplares en cada termitero subterráneo, es como querer vaciar el mar con una cucharilla. De hecho, para controlar la plaga en una sola vivienda se necesitarían la cuarta parte de los cepos comprados por Dávila?

Hace un mes, el ayuntamiento se comprometió a aprobar un crédito de 200.000 euros, para que los vecinos más desesperados puedan solicitar subvenciones de hasta 3.000 euros, con las que se podría costear la erradicación, pero aún no lo ha hecho. Los vecinos necesitan una respuesta de la administración, cuya desidia ha permitido la extensión de la plaga. No basta con comprar cien cepos y hacer promesas. Los lugares más infectados y destruidos debieran ser tratados con la consideración de zona catastrófica, y las tres administraciones ahora implicadas dejar de tirarse la pelota unas a otras, ocuparse de los vecinos afectados, y poner en marcha un verdadero plan de erradicación, que impida que este desastre se extienda por toda la Isla.

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