FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | A babor | Cinismo en la guerra del plátano | Francisco Pomares

El Gobierno canario y Asprocan -la asociación platanera canaria- han solicitado al Gobierno de España que convoque una reunión urgente del Comité Mixto del Plátano Europeo, un organismo en el que participan los productores de Francia, Portugal y España. La reunión solicitada debería servir para abordar el reciente anuncio de una mayor liberalización en la importación de banana procedente de centro y sudamérica. La alarma se produce tras un encuentro entre representantes de la Comisión Europea y los ministros de comercio de Perú, Colombia y Ecuador, países exportadores de banana, que habrían logrado el compromiso de inmediatas rebajas arancelarias, que permitan a la banana americana competir en mejores condiciones de precio con el plátano producido en regiones europeas.

Además, la ofensiva americana para lograr la aceleración en el descreste de aranceles no es la única amenaza del plátano local: cada vez es más evidente la pujanza de la exportación platanera africana, con frutos más parecidos a los nuestros, y mucho más baratos. Por eso, la actual estrategia del Gobierno canario y los plataneros pasa no sólo por una oposición numantina a la reducción de aranceles -difícil de sostener sine die en un escenario de libre comercio, y cuando los propios plataneros se han dedicado a la zorruna a importar para España y Europa la banana americana-, sino por buscar el amparo en las leyes europeas en materia de controles fitosanitarios, de calidad, libertades sindicales y comercio justo.

Asprocan y el Gobierno piden que cualquier reducción de aranceles a la importación se acompañe de la exigencia de que Europa imponga a la fruta que llega de fuera del territorio comunitario medidas de control y seguridad alimentaria, y de buen uso medioambiental, equiparables a las que debe cumplir la producción europea. Probablemente ni el Gobierno regional ni los grandes plataneros (que no han hecho ascos a hacerse a sí mismos la competencia vendiendo banana americana más barata, con buenos beneficios) tienen una especial preocupación por el impacto ambiental de la banana en sus territorios de origen. Sinceramente, no creo que eso les quite el sueño en absoluto. Pero la Unión Europea tiende a ser estricta en la defensa de estas cuestiones.

Por eso, lo que sería muy difícil sostener con argumentos fiscales o comerciales -la continuidad de los privilegios de nuestra producción local, fuertemente subvencionada- probablemente se logre exigiendo a los países más pobres un sobreesfuerzo en control de calidad, crecimiento sostenible y empleo más justo, en nombre de la economía de las islas y la mano de obra local. Una mano de obra que a veces llega a las islas, precisamente, de los países más pobres.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario