FIRMAS Marisol Ayala

OPINIÓN | Romina, nadie movió un dedo | Marisol Ayala

Romina, paraguaya, 26 años, dos hijos. Viajó a Canarias convencida por su presunto asesino que le prometió amor, una vida, un futuro. Nunca le habló de la una tumba qué fue lo que sí le compró. Todos en Tegueste (Lanzarote) lo sabían, vecinos, entorno, médicos, amiga íntima y sin embargo nadie movió un dedo para evitar la muerte de una mujer. Todos ellos sabían y la dejaron a merced de una bestia española, su amor, pensó la pobre, ese que disfrutada golpeándola con saña, eso sí, para pedirle perdón poco después y pregonar luego su arrepentimiento. Nadie como digo movió un dedo por ella, bueno, uno sí, su pareja que lanzó los puños para rematarla ayudado por un arma blanca. En esos momentos de notable lucidez dijo el machote que ya tenía preparada la barbacoa y que en ella puso el cuerpo de Romina mientras se echaba unas copas. Día 1 de enero. El cobarde que más tarde reconocería «la salvajada que hice con el cuerpo de Romina» y lo declaró con la misma inocencia que un niño pisa un portal recién lavado.

Y la amiga, esa mujer que la madrugada de los hechos, horas antes de morir Romina, recibió un mensaje aterrador en el que le contaba «una brutal paliza, la última que me ha dado éste a ayer, casi me mata». La había agredido brutalmente y ella deambula por la calle de madrugada. «No puedo caminar, me duele todo. Tengo que poner fin a esto. La próxima no la cuento”. Estaba sola en la isla, tal como dijo su madre con una entereza admirable y su hija vino «a España a trabajar y la mataron». La muerte de Romina y la apertura del secreto de sumario deja al descubierto la cantidad de cómplice que tienen los maltratadores; ni siquiera la última «amiga» a la que recurrió malherida después de la paliza mortal del presunto asesino decidió denunciar el estado de una mujer, su amiga, que simplemente pedía auxilio. No recuerdo haber leído un sumario con tanta brutalidad hacia una mujer como en el caso de Romina. «Si el mensaje que le mandó a la amiga me llega a mi hoy mi hija estaría viva”. Mi columna de hoy solo pretende que atrocidades como las que sufrió Romina no se vayan de nuestras mentes como noticias de usar y tirar.

Un sádico que logró su vociferado objetivo. Matarla.

Nadie movió un dedo.

Fuente: Blog de Marisol Ayala

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