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OPINIÓN | La información en tiempo preelectoral | Salvador García Llanos

Tiempo preelectoral. Se nota, claro. Cualquier declaración, cualquier mensaje, iniciativas, anuncios y manifestaciones de todo pelaje -si son insultos o descalificaciones, más todavía- se vinculan o se significan por la proximidad de la convocatoria de mayo, que se puede acentuar, por cierto, si la estimación de ayer del Gobierno se termina consumando.
Por tal razón, ha sido interesante y procedente la advertencia del presidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), Nemesio Rodríguez, quien recientemente, en una tribuna pública, instaba a los medios y a los periodistas a fortalecer la verificación de los hechos, “ante la previsible avalancha de noticias falsas y de eufemismos sin precedentes” que aparecerán coincidiendo con las citas electorales previstas para mayo y, como decimos, puede que para antes.
Preparémonos entonces. Habrá que estar muy atentos no sea -como ya ha ocurrido- que cuelen gato por liebre, esto es, bulo, deseo, sesgo o posibilidad por información aparentemente certera. De ahí la importancia de contrastar, de insistir con las fuentes y de asegurar antes de emitir o publicar la información.
De no hacerlo, los riesgos de la desinformación serán considerables. Y proliferarán los desmentidos o las puntualizaciones, si es que los medios -ya saben: para que la realidad o la veracidad no estropee un contenido llamativo- terminan insertando.
La desinformación inocula sus efectos nocivos sobre la misma democracia. En efecto, las paparruchas, las falsedades y las falacias suelen ir dirigidas a la línea de flotación de los valores de nuestro sistema de libertades o convivencia: la igualdad, el pluralismo, la diversidad, la no discriminación por razones de religión, raza o sexo, el Estado del bienestar o la lucha contra la violencia de género pueden verse directamente afectados. Nemesio Rodríguez ha sido rotundo al afirmar que “una sociedad que toma sus decisiones basándose en información falsa es una sociedad que tenderá a equivocarse”. Aunque esto no importe mucho -en realidad, nada- a quienes publiquen o emitan sin verificar.
Se comprobó en la campaña de las últimas elecciones autonómicas andaluzas: estadísticas poco fiables o sin soporte técnico, hechos desvirtuados o descontextualizados y manifestaciones carentes de fundamento pero cargadas de alarma o de reclamo fueron utilizados con superficialidad inusitada y con evidente irresponsabilidad. En materias como la violencia contra la mujer o las migraciones, por ejemplo, llegaron a fomentar el miedo, vayan ustedes a saber si fomentaron la abstención como comportamiento del electorado. El presidente de la FAPE no exime de su responsabilidad a los políticos que utilizaron esos recursos y abusaron hasta límites insospechados para tratar de reforzar sus discursos y sus mensajes.
Rodríguez alerta, en ese sentido, de los males de periodismo de nuestros días, lo que obliga a esmerarse en el cultivo y cuidado de sus fundamentos principales: ls búsqueda de la verdad, la verificación de los hechos, su comprobación con las fuentes, la contextualización y el respeto al derecho de las personas a su propia intimidad, como establece la Constitución.
Dijo el presidente de los periodistas españoles que “los principios que han cimentado históricamente el oficio se están arrumbando en una alocada carrera por ser los primeros en informar sin comprobar, por dramatizar la noticia para ganar audiencia a toda costa y por ser los que más ‘clics’ logremos con titulares engañosos”.
Bueno, pues todo eso se agrava con la inminencia de las elecciones, de manera que habrá que estar muy atentos para saber distinguir el humo de las llamas. Permitan que insistamos: está en juego la propia esencia democrática y bastantes amenazas hay ya como para no cumplir con los cánones elementales y saber distinguir.

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