FIRMAS Salvador García

OPINIÓN | Cierre de una librería | Salvador García Llanos

La entrada de hoy es reproducción de la publicada el pasado 28 de agosto de 2014, en ocasión del cierre de la librería «La isla». Las circunstancias de entonces son las mismas de ahora pues el establecimiento sobrevivió unos años tras mudarse a la calle Imeldo Serís de la capital tinerfeña. Decíamos entonces:

«Va a cerrar sus puertas en Santa Cruz de Tenerife, al cabo de cuarenta y tres años, la librería “La isla”. Es una mala noticia: todos hemos sido clientes de ese establecimiento. Allí hemos adquirido los ejemplares que llegaban antes, ediciones difíciles de conseguir, volúmenes de todas las colecciones, títulos perdidos, textos, manuales, regalos de última hora… Ningún paseo por la calle Castillo hasta enlazar con Robayna sin detenerse en “La isla”, a ver sus escaparates o a curiosear en su interior donde el ambiente siempre tuvo ese singular sabor de las librerías superpobladas, con estantes y anaqueles a tope, con pasillos estrechos, conversaciones en voz baja… Sus propietarios -la vocación nunca se pierde- quieren seguir atendiendo a sus clientes en las otras tiendas de la firma, emplazadas en la calle Imeldo Serís. 

El cierre de de esta y de cualquier librería es un hecho negativo. En la sociedad del conocimiento y de la información se pierde otro núcleo de sabiduría, otro espacio de difusión de la cultura. Se dirá que la crisis no perdona o no distingue pero hay más inquietudes derivadas: no se lee, no se compran libros, son muy caros, se espera a ediciones posteriores más baratas, la red ha hecho mucho daño pese a los incentivos y las alternativas que ofrece…

Lo cierto es que si ya era preocupante la reducción de lugares, usos, programas y espacios donde se pudiera desarrollar una actividad cultural, siquiera elemental; si ya era para perder el sueño con las limitaciones de los recursos dedicados a la creación y a la cultura en general; si ya están sufriendo lo indecible las instituciones con sus políticas restringidas o mutiladas; si algunas convocatorias de ferias y similares parecen abocadas a la desaparición o a la disminución de sus ofertas; si tantas campañas de sensibilización o de fomento a la lectura están sirviendo de muy poco… el que ahora los propietarios de librerías hayan de clausurar es para echarse a temblar.

Ojalá que el hecho haga reflexionar y replantear muchas cosas. La continuidad ha entrañado un gran esfuerzo de empresas familiares y de emprendedores que, aún conscientes de la entrada en pérdida, hicieron todo lo posible para que ese siguiera siendo el medio de vida, para modernizar y para divulgar la cultura y el saber. Esperaron -como lo seguirán haciendo quienes subsistan- a determinadas fechas del año para mantener el negocio vivo.

Lo hizo la familia Celis, en “La isla”, durante más de cuatro décadas. Como no se rinde, quiere decir el próximo sábado un hasta luego y seguir comerciando con libros en otro establecimiento cercano. Saben -sabemos- que no será igual pero es plausible su empeño. Mucho tiempo al lado de páginas impresas y de portadas de tapa dura que hacían de reclamo.

Ese amor por los libros, hay que reconocerlo».

«La isla» no es el único cierre en España. Otras librerías famosas y emblemáticas también clausuran. Leemos que la culpa es del fondo, del fondo de gigantes comoAmazon. Las editoriales priman la producción. Y si a eso añadimos que un 40 % de los españoles reconoce no leer, pues se explican las dificultades para subsistir. Adiós a «La isla», qué lástima.

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