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OPINIÓN | A babor | Hemos descubierto La Graciosa | Francisco Pomares

La Graciosa.

De los asuntos que tienen que ver con La Graciosa aprobadas por el Consejo de Gobierno oportunamente celebrado en La Graciosa el lunes pasado, uno se puede quedar con los asuntos simbólicos, que son los que han tenido más recorrido en medios y discursos. Ya saben: lo de pedirle al consejero Barragán que tramite el cambio de la letra del himno de Canarias para que se hable de ocho peñas en lugar de siete, o el cambio de nombre de Caleta de Sebo, por Puerto de La Graciosa (parece que queda más mono), o lo de bautizar barcos y aviones con el nombre de la octava isla. Se trata de medidas que cuestan poco y además tienen su gracia: lo de la letra del himno, lo cierto es que Benito Cabrera ya cambió la letra, le quedó estupenda, con una entera estrofa nueva dedicada a la más grande de las islas más chinijas. Ayer aprobaron oficialmente iniciar los trámites para hacer el cambio, supongo que para que quedara constancia de que el asunto fue propuesto y aprobado en el Consejo celebrado «in situ», pero lo cierto es que desde las navidades ya suena por ahí en las teles y en los actos el himno reformado. Lo digo para que conste, no por aguarle a nadie la fiesta, que es que la gente es muy formal. Y en cuanto a lo de hablar con Binter o con la Consejería de Obras Públicas, para rebautizar aviones, barcos y puertos, me parece muy bien. El Gobierno parece empeñado en demostrar que la incorporación al nuevo Estatuto de La Graciosa como «isla habitada» tiene que significar realmente algo.

De hecho, es un asunto cargado de simbolismo, algo sin duda muy emocionante para los vecinos de la Isla, pero no resuelve ninguno de sus problemas: ni dota a los ciudadanos de La Graciosa de representación política ante ninguna instancia (hoy tienen un concejal en Teguise), ni supone abrir la puerta a ayudas o políticas específicas para la Isla, que pueden perfectamente desarrollarse sin necesidad de un aluvión de declaraciones sin coste alguno, con gestos y compensaciones simbólicas, que hoy se nos venden como una forma de atención a los residentes. Más eficaz que aprobar bautizos de barcos, puertos y aviones, me parece lo que ha hecho el consejero Baltar: Sanidad ha planificado medidas específicas para atender infartos en la Isla, o el próximo desempeño en La Graciosa de una ambulancia de soporte vital básico del SUC. El SUC propone también que -si es necesario para la salud del afectado y la situación meteorológica lo permite- los pacientes sean trasladados directamente a Gran Canaria sin tener que pasar previamente por el hospital conejero.

Son dos formas de afrontar la más que obvia declaración de La Graciosa como «isla habitada». Una, poniendo los medios para resolver problemas reales a personas reales; la otra, disparando salvas con pólvora sin coste alguno. Es curioso que los dos tipos de acciones partan del mismo Gobierno. Un Gobierno en el que conviven muchos políticos con algún técnico. Que es, por cierto, el consejero -Baltar- que ha planteado los asuntos de los que los medios menos se han ocupado.

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