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OPINIÓN | La finca de Román | Marisol Ayala

La noticia que el viernes publicaba La Provincia y que hablaba de la compra por parte del Cabildo Insular de Gran Canaria de una finca propiedad de la familia de Román Rodríguez es para los dos, para Román y para Antonio Morales, respirando ambos políticamente por el mismo sitio, un dardo envenenado que socialmente les hará daño aunque más a Morales con quien, que conste, mantengo una relación de afecto por encima de la actividad periodística, aunque también a Román, pero mucho menos que al Presidente del Cabildo de Gran Canaria. Cuesta creer que el hecho de la compra de la finca, que beneficia a 6 familiares de Rodríguez, fuese casual. La mujer del César no solo tiene que ser honrada sino parecerlo.

La adquisición de estas tres parcelas, situadas en el Macizo de Amurga, en los municipios de San Bartolomé de Tirajana y Santa Lucía de Tirajana, fue aprobada el pasado 28 de diciembre -por cierto, Día de los Inocentes- en un consejo de gobierno del Cabildo, extraordinario y urgente. No se informó de ello a los grupos de la oposición ni en las comisiones ni tampoco en el Pleno. El precio que se pagó: cuatro millones de euros.

Esa es la realidad de la compra. Otra cosa es que Morales hable de una elección aleatoria y refuerce esa decisión afirmando que para los técnicos del Cabildo la finca de la mujer de Román era la parcela prioritaria y, que de haber sabido la relación de la propiedad con el líder de Nueva Canaria, lo habría comprado igualmente. Esta última afirmación tiene un punto de soberbia no nos engañemos. Los políticos, y Antonio lo es, no pierden ni a las chapas. A veces se meten en un bucle irremediable, con lo fácil que es morderse la lengua.

Mi primera reflexión es: mal por el presidente si lo hubiese sabido. Pero es infinitamente peor si se han gastado cuatro millones de euros sin conocer hasta el último detalle de ese expediente.

Antonio Morales, ya lo saben, hace tiempo que se siente atacado por La Provincia, que ha difundido noticias que no le benefician y han sembrado dudas sobre su gestión. Pero si nos limitamos a la ‘finca de Román’, las patas del banco de la sospecha suben escalones porque oler huele mal. Siendo Morales un experimentado político no debe olvidar que las elecciones están a la vuelta de la esquina y en esa batalla todo vale, incluso que una mentira disfrazada de verdad dispare sin tregua.

Fuente: Blog de Marisol Ayala

 

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