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BALONCESTO | Joan Plaza: “Quiero llegar al corazón, que los jugadores hagan las cosas porque yo los convenza y no porque lleve más galones en el hombro”

Joan Plaza, entrenador de equipos como Real Madrid, Unicaja de Málaga, Zalgiris de Kaunas y Cajasol Sevilla

EBFNoticias |  Sergio Negrín | Fotos: Gabriel Cómez | Ocurre con frecuencia que el personaje termina devorando a la persona y la imagen que estamos acostumbrados a reconocer a simple vista, la que ha quedado atrapada en nuestra retina de forma reiterada hasta la saciedad en medios de comunicación o en brevísimas declaraciones en televisión antes o después de los partidos, termina por volverse real, viral en la distancia, y acabamos por creer que así debe ser la persona, que cada gesto es fiel reflejo de su carácter y ya nada podrá hacernos cambiar de opinión.

Joan Plaza (Barcelona, España, 1963) ha sufrido el estigma de la incomprensión generalizada que ha creído ver en él a un entrenador huraño, seco y con malas pulgas -me incluyo entre los que se dejó seducir por las apariencias-, cuando en realidad -y eso que asegura que en realidad es un mal actor-, sus intervenciones no son más que una brillante interpretación de su rol de primer entrenador. Una escenificación que ha impuesto una barrera infranqueable negándonos la posibilidad de conocer a la persona.

Una pena, porque en la distancia corta, Joan Plaza se muestra como un ser humano sensible y honesto, vital y empático, clarividente en el fondo y exquisito en las formas. Ama profundamente el deporte de la canasta con la misma pasión que reclama a los dirigentes del baloncesto orden y consenso para unificar criterios y darle coherencia de cara al futuro.

Los mimbres que entrelazan la memoria baloncestística de Joan Plaza, con los que han tejido su filosofía de vida aplicada al deporte, nos hablan de nombres que son leyenda como Manel Comas, Aíto García Reneses, Gregg Popovich, Brad Stevens o Bozidar “Bosa” Malijkovic, entre un largo elenco de primeras figuras. Ha sabido ‘contaminarse’ de sus enseñanzas, de sus opiniones y formas de trabajar, para irrumpir con un estilo propio y bien definido. Uno que habla de tratar al jugador como parte de un grupo y al grupo como el armazón que protege a sus individualidades.

Un estilo que se cimenta en la confianza, en el conocimiento próximo, humano, de la persona por encima de la figura del deporte. Una manera de trabajar donde prima la corrección del detalle, el gusto por la repetición y el trabajo constante como forma de crecimiento personal y colectivo. Un éxito que carece de secretos porque en realidad habla de verdad, de perseverancia, de un camino nada fácil transitado con esfuerzo y dedicación, y con el único objetivo de que al final pasen cosas.

Que una vez haya concluido el camino ya nada vuelva a ser igual, porque seguro que será mejor. Y que casi sin que nadie hubiera sido consciente de ello, le habrá permitido de nuevo obrar el milagro de hacer de un equipo de baloncesto una roca inexpugnable, y de su trabajo y su legado un recuerdo imborrable. Así ha ido trazando Joan Plaza los hitos de su exitosa trayectoria profesional, que tuvo un origen más humilde y de formación en clubes como la escuela de baloncesto Betsaida, el equipo femenino Santísima Trinitat y el CB Sant Adrià antes de recalar en el Joventut de Badalona, primero como ayudante de Miquel Nolis y luego como primer entrenador, así como dirigir al CB Tarragona en LEB Oro.

Pero la gran oportunidad de Joan Plaza le llegaría en el verano de 2006 cuando llevaba un año como entrenador asistente de Bozimar Maljkovic, que fue destituido en el Real Madrid. Dejaron en sus manos la dirección del equipo y Plaza les devolvió la confianza consiguiendo el récord de imbatibilidad de la historia de ACB de un entrenador novel, la Copa ULEB de 2007 y la liga ACB en ese mismo año, convirtiéndose en el tercer entrenador en ganarla en su debut.

En su haber cuenta además con una victoria singular en periodo estival contra un equipo NBA, los Toronto Raptors, campeones de la conferencia Atlántica en 2007, que cayeron a manos de los madridistas por 104-103. En 2009 Real Madrid y Joan Plaza deciden separar sus caminos. Así llegaría la oportunidad de entrenar al Cajasol Sevilla de ACB, una relación que se prolongaría hasta 2012.

Con el equipo andaluz Plaza lograría cotas sorprendentes para un equipo humilde al que cogió en puestos de descenso y llevó a cosechar un subcampeonato de la Eurocup de 2011. En 2012 se convirtió en el primer entrenador español en dirigir un equipo en el extranjero. En concreto, se encargaría de los designios del Zalgiris Kaunas con el que lograría ganar la Supercopa y la Liga lituanas en la temporada 2012-2013. A su regreso a España en 2013, Plaza se haría cargo del Unicaja de Málaga, relación que se prolongaría por espacio de un lustro y se saldó con una Eurocup en la temporada 2016-2017 y la sensación de que el equipo malagueño se había convertido en uno de los grandes clubes del baloncesto español.

En la actualidad espera una nueva oportunidad para entrenar tras desvincularse el pasado verano de Unicaja de Málaga. Un periodo de reflexión, el primero sin entrenar en toda su carrera, que le ha devuelto la calma precisa para reencontrarse con el placer de ver baloncesto, reciclarse y transmitir conocimientos y la sabiduría que atesora a jóvenes jugadores y entrenadores, como sucedió el pasado fin de semana en Tenerife en el clinic de entrenamientos organizado por el CB Santo Domingo en el Pabellón Municipal Paulino Rivero Baute de El Sauzal y que contó además con una charla para entrenadores en el Pabellón Las Veredillas bajo el título “Principios defensivos en equipos de formación”.

En su manera de hablar, en su disposición para dirigirse a jugadores y entrenadores, uno puede descubrir el amor por el deporte y la querencia por los detalles más insignificantes que en sus manos se convierten en valor añadido. Nada escapa a su mirada que apela a la repetición como método. Un placer para el trabajo bien entendido que dibuja la esencia de un profesional de primer nivel que ha dejado huella nuevamente.

-¿Compartir su manera de ver y entender el baloncesto con personas que están en formación le permite también a usted seguir aprendiendo y creciendo como profesional?

“Sí, es un poco el leit motiv de mi carrera. He visto tantas torres que han caído por pensar que ya estaban de vuelta de todo, que en mi caso o estás formando cada día o mueres. Se trata de ser capaz de volver un poco a tus orígenes. La sociedad de hoy en día y el deporte del baloncesto quieren quemar etapas tan rápido, que muchos jugadores cuando te llegan a la Euroliga o a la ACB lo hacen con claras deficiencias en cosas muy básicas. Es muy importante saber dónde está la raíz de cada uno de los problemas, y en la formación está la clave. Si no queremos empeorar y mantener los resultados de los últimos años es muy importante que dediquemos mucho tiempo a la formación y a los detalles”.

-¿Conocía el trabajo que viene desarrollando el Club Baloncesto Santo Domingo en Tenerife? ¿Es importante que clubes de cantera puedan nutrirse de la experiencia de profesionales contrastados como usted?

Sí lo conocía, porque básicamente hay clubes como el Santo Domingo que son muy especializados y que se conocen por toda España. Ya no solo a aquellos que juegan campeonatos de España que es donde se les visualiza mucho mejor, sino en lugares donde el trabajo de la técnica individual es más apurado, donde no prima el ganar por ganar. La sensación que se tiene en la Península y en los lugares en los que yo he estado es que este es uno de esos reductos como los de Astérix. Hay alguno también en Madrid, en Cataluña y Galicia. Este es uno de esos lugares donde se disfruta de la calidad del gesto. Esto sí que es muy conocido. El hecho de que saquen partido o no lo deberán decir ellos. Lo que si tengo claro es que tú puedes aportar. No creo en varitas mágicas; sí creo mucho en el trabajo diario. Creo que lo que les puedo aportar es una serie de detalles o de gestos, o incluso una forma de tomarse la vida en el sentido de que para mí es básico que el jugador, o el empleado en cualquier empresa, disfrute y se lo pase bien. Muchas veces nos tienen a los entrenadores de Euroliga y ACB como unos tíos muy secos y distantes, casi agrios en el trato. Es cierto que la imagen que se pueda dar de ti por televisión es de una persona casi huraña cuando estás muy alejado de esta situación. Cuando vas a trabajar en categorías inferiores es muy importante que haya ese feedback, esta empatía entre el entrenador y el jugador. Mucha gente se sorprende cuando te ve de cerca y en este estado, porque la imagen que dan de ti los medios de comunicación es de alguien mucho más alejado de la realidad”.

-Durante su trayectoria como entrenador seguro que se habrá ido impregnando de muchas maneras de trabajar distintas y que habrán ido construyendo con el paso de los años su estilo, pero, ¿lo ha seguido moldeando? ¿Qué le ha influido?

“Sí, es verdad. He dicho muchas veces que yo empecé a entrenar en 1977, hace muchos años, He sido casi siempre primer entrenador, pero tuve la suerte de ser ayudante de Manel Comas, de Aíto García Reneses y de Bozidar “Bosa” Malijkovic, y antes de un entrenador en Cataluña que es muy bueno en formación, como lo que estamos haciendo aquí con el Santo Domingo, que se llama Miquel Nolis. De todos ellos he ido cogiendo detalles, tanto los que más se ajustan a mi personalidad, como los que no son tan acordes a mi manera de entender este deporte o la vida, y por tanto aprendes a saber lo que no quieres hacer. Aunque nací en Barcelona, me crié en el área de Badalona, en Sant Adrià del Besòs, y en mi ADN quedó grabado que el gesto técnico es algo que se prima. He logrado encontrar mi equilibrio como entrenador haciendo que muchos jugadores mejoren y lo hagan tanto como para que se vayan a la NBA o a otros equipos importantes en Europa, a la par que el equipo siga compitiendo a un gran nivel. Para ello no hay más secreto. Tengo buenos amigos, pero ninguno que me haya facilitado llegar a donde estoy ahora mismo o para poder entrenar a equipos del máximo nivel. Todo ha sido a base de perseverancia y tozudez. En Badalona se dice que los niños no nacen con un pan bajo el brazo, sino con un balón de baloncesto bajo el trazo. Ser entrenador de baloncesto en Badalona es como una locura, y la única manera de conseguirlo es ser una persona muy ecuánime, muy coherente y, sobre todo, muy perseverante. Para ello formarte, formarte y formarte es clave”.

-Usted fue el primer entrenador español en dirigir a un equipo de Euroliga en el extranjero, en concreto al Zalgiris Kaunas de Lituania en 2012. ¿El vértigo del reto profesional le demostró que los entrenadores nacionales no deberían infravalorarse ni tener miedo a dar ese paso? ¿Abrió el camino al resto?

“Sí, sin quererlo si. Después de entrenar al Real Madrid, cuando el club apuesta por ti habiendo sido el segundo entrenador, eso posibilitó que otros clubes en España también lo hicieran. De tal manera que Xavi Pascual en Barcelona, Jaume Ponsarnau en Manresa, y otros entrenadores, tuvieron  la oportunidad porque los clubes se atrevieron a darle el timón a los segundos entrenadores, y muchos de ellos lo están haciendo actualmente muy bien. Y cuando me tocó coger los bártulos e irme fuera de casa, fuera de España, a Zalgiris, luego se atrevieron otros como Xavi Pascual que lo hizo posteriormente en Grecia. Otros lo han hecho a Sudamérica y Centroamérica [es el caso de los entrenadores canarios Iván Déniz y Alejandro Martínez, aunque este último entrena esta temporada al Chocolate Trapa Palencia en LEB Oro]. Si te digo que no hubo vértigo mentiría. Vértigo y miedo, básicamente porque no hay una cultura en Europa en la que se crea que el entrenador español pueda hacerlo bien, cuando debo decir sin ningún tipo de chovinismo que el entrenador español, si no es el más formado que hay en Europa, está muy cerca. Constantemente aquí en España tenemos muestras en las que entrenadores con un equipo muy limitado son capaces de hacer auténticas virguerías, de optimizar el rendimiento de los jugadores. El entrenador español no está en Euroliga o en Eurocup e incluso dirigiendo selecciones en el extranjero básicamente porque la mayoría de agentes españoles dominan la Península, pero en el extranjero los balcánicos, italianos y americanos tienen una mayor cobertura. Pero es el único problema, porque a nivel de calidad, creo sinceramente que el entrenador español está muy preparado, y podrían y lo harían incluso mejor de lo que yo lo hice en su día”.

-Su currículum como entrenador no deja lugar a dudas acerca del nivel que atesora. Real Madrid, Cajasol de Sevilla, Zalgiris Kaunas y Unicaja de Málaga jalonan por el momento su trayectoria como entrenador. Este periodo sin equipo es el primero que está viviendo en su carrera. ¿Podemos hablar de un “descanso” para recargar energías o siente ya la necesidad de volver a entrenar en un banquillo?

Bueno, voluntario no ha sido. Es cierto que a veces nosotros estamos ‘sujetos’ a unos agentes que creen que deben seleccionar el perfil de equipo al que vas a entrenar, cuando a ti lo que te gusta es entrenar y lo harías con el equipo de tu barrio si te pagaran para poder vivir. Pero este descanso no ha sido voluntario. Sencillamente hubo una opción de entrenar que parecía muy obvia y dos días antes de firmar en Euroliga a finales de junio o principios de julio cambiaron las tornas, y ya está. Más allá de las dos primeras semanas en las que te impacta por primera vez quedarte sin trabajo, por unos motivos u otros, luego evidentemente me puse a optimizar el tiempo. Estoy haciendo algo en los últimos meses que no puedes hacer si vas en esa moto en la que estamos siempre metidos. Pude conocer a los Boston Celtics en su día y entonces generé una buena relación. Aquello me activó en su día. Te estoy hablando de hace casi 28 ó 30 años, y hasta ahora no he podido volver a hacerlo. Ahora he vuelto y he podido ver partidos de pretemporada de Euroliga, luego me fui 20 días a Estados Unidos. Estuve 10 días con los San Antonio Spurs y otros 10 días con Boston Celtics, y eso no hubiera podido hacerlo en una dinámica normal. Por otro lado, también hablé con Zeljko Obradovic para ir a ver sus entrenamientos, pero no va a poder ser porque va a suceder algo pronto, pero el hecho de estar haciendo charlas como estas o conferencias incluso a nivel de universidades o empresas en las que me piden hablar sobre liderazgo o dirección de grupos, pues también me ha permitido reciclarme y repasar la última parte de mi trayectoria para ver qué puedo mejorar. Cuando estás en plena temporada y juegas 70 partidos como el año pasado es imposible”.

– Cuesta creer que un entrenador de su experiencia no haya encontrado acomodo aún en un club ACB o que juegue Euroliga. ¿No ha encontrado un proyecto que lo seduzca? ¿Qué busca Joan Plaza para su nuevo reto en los banquillos?

A diferencia de lo que la gente cree por esa imagen que a veces damos todos, no busco solo equipos de Euroliga o donde el equipo sea tan grande como en los que he podido entrenar. En su día entrené a Cajasol de Sevilla que era un equipo que estaba muy cerca de descender y logramos llegar a una final europea con ellos, jugamos play off y Copa del Rey. He llevado portaviones como el Real Madrid y también he llevado grandes yates, de todo tipo. Lo que quiero ahora es sencillamente un proyecto. Lo que no haré es ir a ningún lugar donde vaya por un contrato de seis meses. Voy a ir por un contrato que me garantice unos resultados y una optimización de aquello que me den a uno, dos o tres años vista; que sea serio, que sea estable y realmente sea ilusionante. Es lo que espero que tarde o temprano aparezca. Y si no me tomaré el año como sabático y seguiré en la línea que he tenido hasta ahora”.

Seguro que sabe que el Gran Canaria, que juega Euroliga, ha destituido a su primer entrenador, Salva Maldonado, y de momento está siendo dirigido por su segundo Víctor García…

“Creo que la vida alguna vez me dará la oportunidad de venir a entrenar a las Islas, tanto a Tenerife como a Gran Canaria, porque es una de las cosas que también quiero que me aporte este deporte, este trabajo. Siempre he dicho que cuando acabe de trabajar en esta supuesta élite en la que nos movemos, como soy una persona inquieta, creo que me iré a entrenar dos años a Argentina y dos años a La India, dos a China, dos a Noruega…, primero porque quiero conocer otros países y además conocerlos trabajando, no estando de vacaciones o como turista. Es un tipo de trabajo que me permite reinventarme en cualquier lugar del mundo, quizá a un nivel de exigencia menor, con unos salarios más modestos. Siempre estoy abierto a eso. Me gustaría vivir en Canarias donde he venido tantas veces, como en Galicia o en el País Vasco; la verdad es que me gustaría vivir esas experiencias”.

-¿Qué opinión le merece el crecimiento de los dos clubes canarios en los últimos años? ¿Tienen capacidad de mejora?

“Realmente que estén los dos en ACB habla muy bien del baloncesto canario, ya no solo del trabajo que puedan hacer entrenadores aquí a nivel de formación, sino a nivel de dirección, de implementación de marketing, de muchas cosas. Creo que se han consolidado arriba. Ahora hablar de Gran Canaria parece que sea algo difícil por la situación que está atravesando, pero yo he jugado esta Euroliga con más de 70 partidos anuales y la gran dificultad que se tiene, más allá de que no dispongas de un chárter como otros tienen que te permita descansar más y entrenar mejor, es la doble competición. En Estados se hacen cruces cuando le explicas que has jugado 70 partidos, pero que además lo haces contra rivales que han jugado 35. Hay una desventaja extraordinaria a menos que seas un gran portaviones, y aún así no es la primera vez que hemos visto que Barcelona, Real Madrid o Baskonia pierden contra equipos con menor presupuesto. Es evidente que jugar muchas veces cuatro partidos por semana como lo hacíamos el año pasado, jugando domingo, martes, jueves y el domingo siguiente volviendo a jugar contra un equipo que ha estado descansando toda la semana y que está esperándote con el cuchillo entre los dientes y con unas ganas locas de ganar a un equipo de Euroliga, lo que supone una motivación extra, y eso es muy difícil de gestionar. Dentro de diez años, si seguimos así, estará mucho más asimilado, pero ahora a la mayoría de jugadores, con una cierta lógica, les apetece más jugar contra CSKA, Maccabi Tel Aviv, Real Madrid u Olympiacos, que jugar contra otros equipos donde el ámbito es más nacional, menos internacional. Estamos en una etapa en la que la prensa, los directivos, pero también los jugadores, la afición y los entrenadores hemos de reciclarnos porque la exigencia se ha disparado. Que Tenerife esté creciendo desde hace cuatro o cinco años a muy buen nivel habla muy bien de la calidad del baloncesto canario, y ojalá se mantengan muchos años más. ¿Pueden mejorar? Yo creo que sí. Lo más importante es que mantenga una línea de trabajo, en el sentido de que cambiar, no solo entrenadores sino jugadores a la que se tuerzan las cosas, no creo honestamente que sea la mejor solución. No es una crítica al baloncesto canario, porque esto pasa en Madrid donde a las cinco jornadas saltó alguien, pero es que en la NBA este año ya han cambiado dos entrenadores en muy poquitas jornadas. En general, lo que hay es que ser conscientes que coges una línea de trabajo para saber en qué te equivocas y en qué aciertas. El ir dando tumbos no es la mejor solución”.

-Comentaba usted que ha aprovechado este periodo sin equipo para formarse en Estados Unidos con dos de los mejores técnicos del mundo baloncestístico: Gregg Popovich (San Antonio Spurs) y Brad Stevens (Boston Celtics). ¿A esos niveles qué marca la diferencia? ¿Qué hace de un entrenamiento un valor añadido?

La gran diferencia a día de hoy son los medios y las infraestructuras de las que ellos disponen y que aquí aún no valoramos adecuadamente, en el sentido de que cuando entras en cualquiera de las canchas de entrenamiento cuentan con 10 ó 12 entrenadores, mucha gente que estudia cualquier gesto, plataformas donde cualquier tipo de esfuerzo técnico-táctico está evaluado, estudiado al detalle. Pero luego está lo que hace que las competiciones estén desigualadas. En el sentido de que un equipo puede jugar como ha pasado este año con Gran Canaria en lugares lejanos, y luego tiene que esperar hasta el día siguiente para volver, haciendo escala de Frankfurt, Múnich o París, luego estar allí dos o tres horas, y aterrizar en Gran Canaria al día siguiente por la tarde, cuando tiene otro partido el domingo por la mañana. Eso lo cambia todo. A nivel de medios e infraestructuras ellos nos ganan por goleada, mientras que a nivel técnico yo no tengo tanta añoranza. Creo que el entrenador europeo tiene un nivel brutal. Creo que a veces las competiciones parecen hasta distintas, en la NBA y en el baloncesto que hacemos en Europa. Aquí hay una mayor riqueza. Las normas allí fomentan mucho más el espectáculo para un tipo de espectador que lo que pretende es ir allí a ver una función de teatro, un divertimento. Si gana su equipo mucho mejor, pero si pierde no existe la pasión que tenemos aquí que parece que se nos vaya a caer la vida a trozos. A nivel de fundamentos de entrenadores es evidente que ellos tienen la capacidad y disposición económica de fichar a los mejores jugadores del mundo, y a nivel de talento pues fichan a jugadores europeos sin ningún problema. La diferencia física entre unos equipos y otros es muy grande. Los pocos pivots que tenemos aquí en Europa se van para allá a muy temprana edad. Estas cosas son las que condiciona el poderoso ‘don dinero’. Lo envidias en cierta manera, pero a nivel técnico-táctico no estamos tan lejos ni mucho menos”.

-Dígame una cosa, ¿la manera de entrenar de toda una leyenda del baloncesto como Gregg Popovich está muy alejada de su imagen de seriedad en los partidos? Lo digo porque parece un entrenador con una filosofía de trabajo y juego muy definida…

Sí. Yo realmente envidio estas cosas y también te diré que modestamente vine reforzado de allí, porque parece que en Europa, ya no en España, se tiene más respeto al entrenador que grita más, al que nunca parece equivocarse, al que siempre culpa a terceros y nunca a sí mismo. Estoy muy alejado de esa línea, muchísimo. En mi caso es más parecido a ellos dos, a Gregg Popovich y Brad Stevens, porque ellos delegan mucho en sus ayudantes, cosa que yo he hecho hace muchísimos años, donde parto de la opinión de que seis ojos ven más que dos. Escucho mucho. Ese nivel de tolerancia fue muy alto con los dos. Popovich es cierto que impresiona. Te diré en forma de anécdota que pasé 10 días con ellos y no me acerqué ni un momento ni a saludarlo, ni a hacerme una foto, y el dos días antes de irme vino a reñirme. Decía ¿a qué estás esperando, a que yo venga a ti? Tiene a su alrededor un aura de respeto que se percibe en sus jugadores, en su staff técnico, en la gente que trabaja para él. Eso hace que los profanos, los que venimos de fuera, queramos mantenernos al margen para no distraerle. El estuvo de una afabilidad extraordinaria y muy abierto a escuchar mis opiniones y compartir sus conocimientos desde una perspectiva muy humana, muy normal, nada divo. Él tiene su carácter en los partidos, como lo puedo tener yo, Zelko, Pedro o Salva Maldonado, pero en el día a día me pareció una persona muy coherente. En definitiva, todos tenemos nuestra manera de entender el baloncesto, hasta la vida. Quien quiera fichar a Popovich, Plaza, Salva Maldonado o Scariolo, sabe qué perfil le va a dar y el tipo de baloncesto que hace cada uno. En su caso era muy tolerante, muy abierto y dinámico, donde el equipo va a primar sobre las estrellas, cuando en la NBA se estila todo lo contrario. Él tiene esa línea de trabajo como Brad Stevens tiene un estilo mucho más didáctico, de educador. Eso me gustaría que la gente lo asociara también conmigo. Joan tiene una manera de entender la vida y el deporte, y si lo añadimos a nuestro proyecto nos va a reportar una serie de cosas y no otras que son más para otro perfil de entrenador.”

-Se lo tengo que preguntar. ¿Le seduciría la idea de recalar en algún banquillo de la NBA como entrenador asistente como ha sucedido este verano con Sergio Scariolo en Toronto Raptors o el propio Fotis Katsikaris, en Utah Jazz, y que entrenó la pasada campaña al Iberostar Tenerife?

“Se habló de eso hace dos años. Yo estaba muy metido en Euroliga y me costaba ubicarme en poder ser ayudante de un entrenador de la NBA. A día de hoy iría de entrenador ayudante de tres o cuatro primeros entrenadores de la NBA. Entrenadores que respetaran tu opinión, que tuvieran al baloncesto europeo como un referente importante. No iría de ayudante con según que entrenadores donde todo es un monólogo y donde has de ir a decir que sí a todo. Iría en una serie de condiciones a entender otro tipo de baloncesto en el día a día. Sí estaría abierto, aunque ahora me veo ejerciendo más de primer entrenador en Europa”.

-Como comentaba antes y lo ha repetido muchas veces, aquí se juegan casi tres competiciones al año a diferencia de lo que sucede en la NBA. ¿Podría llegar a unificarse el criterio o incluso que podamos ver a equipos europeos compitiendo en la NBA?

Con que se unificaran los criterios ya me parecería bien. He dicho muchas veces que deseo que surja una figura que en ACB, Euroliga y FIBA se le respete tanto como para unificar deportivamente los criterios. Creo que es negativo que haya enfrentamientos entre las tres entidades, que cada uno quiera defender su calendario o el número de partidos o jugadores. Me da la sensación de que a veces estamos sobreexplotando esta situación y que lo podemos llegar a pagar dentro de unos años. Si se unificaran los calendarios de forma más consensuada ya me conformaría, y que no hubiese esa división que existe ahora entre las ventanas FIBA y partidos Euroliga que no se paran. Me gustaría realmente que hubiera una línea donde nos sentáramos todos a ponernos de acuerdo, no solo en eso, sino con las reglas. No tiene sentido que haya distintas reglas entre una competición y otra. Parece ciencia ficción”.

-Usted tiene fama de ser un buen director de grupos. Su capacidad de observación para entender el lenguaje no verbal de los jugadores le ha permitido muchas veces amoldar el trato que tiene con ellos según sus personalidades y nacionalidades para generar empatía. ¿Ese es su gran secreto?

Es uno de ellos yo, espero. Es evidente que has de tener un bagaje técnico-táctico y hasta de preparación física. Pero tal y como es la sociedad hoy en día, dominar el grupo, tener esa carga de empatía, ha hecho que me haya interesado por la programación neurolingüística que hace que puedas detectar cómo está una persona que está frente a ti por el solo hecho de utilizar un lenguaje no verbal, que identifica si está de acuerdo o no con tu parecer, si es cómplice con tu manera de entender las cosas, si hay mucha disparidad, y para ello ampliar esos conocimientos ha sido básico para mí en los últimos años. Me da una ventaja en mi propio grupo; me permite leer sensaciones antes de que sucedan, leer los problemas antes de que vengan a ti. Puedo captar respiraciones antes de tiempo, caídas de ojos, cómo nos protegemos con los brazos, muchas cosas que te dan referencia de si el jugador está realmente involucrado en tu proyecto. Ese punto de psicología, de anticipación a los problemas, como la programación neurolingüística o cualquier tipo de terapias en dinámicas de grupo es muy interesante y te permite sacar un rendimiento del jugador exponencial”.

-Usted ha tenido que lidiar con la presión de entornos baloncestísticos exigentes como Madrid, donde fue el primer entrenador catalán del club blanco, o Málaga. Cuando elige una nueva experiencia profesional ¿valora también ese aspecto?

Sí. Lo que procuro sobre todo es adaptarme yo porque ahora lo ves con perspectiva y piensas cómo es posible que un tío de Barcelona haya entrenado al Real Madrid. Y sin embargo Madrid me enamoró; he vuelto a la cancha del Real Madrid con distintos equipos y el recibimiento ha sido extraordinario. Es muy bonito que la gente guarde un buen recuerdo de ti. Pero valoro más que la ciudad en sí, que haya una idea clara del proyecto en el que vaya a estar y me interesa especialmente adaptarme, ya no solo a las exigencias que esperen de mí. Recuerdo cuando llegué a Málaga que me dijeron que hacía muchos años que no había un jugador malagueño en el primer equipo, que hacía años que estaban perdiendo número de socios y que no había jugadores de la cantera que aparecieran. Así que tratas de lograr adaptarte a esas exigencias y lograr irte con más de 8.000 socios en Málaga, que aparezca un tal Alberto Díaz y otros jugadores que han salido de la cantera, o que Domantas Sabonis, Zoran Dragic o Mindaugas Kuzminskas se vayan a la NBA, o que otros jugadores salten a otros equipos y de eso se saque un partido. Es adaptarme a un proyecto, darle tu sensibilidad, tu filosofía y aportar lo que tienes, más allá de que sea un lugar atractivo culturalmente, que me interesa, e implicarte en otras cuestiones de la sociedad. En Málaga he estado en diez proyectos que nada tienen que ver con el baloncesto y si más con la cultura o con la gente necesitada. Es parte de mi exigencia y de mi labor el hacerlo en cada lugar donde he estado”.

Seguramente no muchas personas sepan que usted alternó al principio de su carrera su trabajo como funcionario de prisiones con el baloncesto. ¿Las historias de vida que conoció entonces fueron fuente de inspiración para las novelas que ha publicado, ‘Las mantas de Angelina’ y ‘Despertar a tiempo’?

Sí. Primero son una fuente de inspiración para mí mismo como persona en el sentido de que me dieron un bagaje muy grande. Fueron 14 años los que trabajé en prisiones. Cada año vuelvo en verano a intentar comer o desayunar con muchos de los compañeros que tuve allí dentro, porque fueron una fuente de inspiración a la hora de tener siempre los pies en el suelo; de saberte un privilegiado pudiendo dedicarte al tipo de trabajo que ejerces ahora mismo. Hay muchas veces que cuando notas la presión de tres partidos seguidos perdidos y ves que el presidente ya está nervioso, que la prensa aprieta, pues bueno, he visto cosas importantes dentro de la prisión y lo relativizas un poquito, porque al final los problemas tienen otra magnitud. Valoras mucho estar donde estás y eso tira de mí para ser cada día un poquito mejor. Yo quiero ser como el buen vino, que aunque no me cataloguen como mejor, al menos mejore un poco cada día. Es cierto que ahí he tenido mucho material para escribir novelas. Estoy muy contento de cómo han ido las dos novelas que están en el mercado. La primera está agotada y la segunda se reeditó el pasado año otra vez. Estoy contento con lo que recibo de ellas, no tanto a nivel económico, que es un desastre, como a nivel humano. Me halaga que algo que nació de manera espontánea entre cuatro amigos de una prisión haya calado y se haya traducido a varios idiomas. Me apetece aún seguir haciéndolo muy de tarde en tarde”.

Y precisamente, esa faceta paralela como escritor ¿le ha ayudado en su relación con los jugadores que ha entrenado?

Sí, sin duda. Soy un lector tardío, que es una de las cosas que lamento. Empecé a leer de una forma regular hace 15 años. Lamento no haber leído antes mucho más, pero ahora es muy difícil que no lleve un libro bajo el brazo. Empecé leyendo biografías, y lo hice con una de Adolfo Marsillach, que no era una persona que apasionara excesivamente, pero esa autobiografía me pareció demoledora. La capacidad de decir la verdad antes de que mueras me fascina. He leído muchas biografías y novelas, pero también muchas obras de psicología, de educación, de todo tipo. Me interesa ya no solo por el conocimiento que me aporta, sino porque me da un bagaje importante. Creo muy poco en los castigos. No creo en las multas, las flexiones y las escaleras, que es muy prototipo del entrenador más rígido. Creo en llegar más al corazón. Aunque eso hace que casi me salga una úlcera, porque sufres enormemente. Quiero llegar al corazón, que los jugadores hagan las cosas porque yo los convenza y no porque lleve más galones en el hombro. Leer te reporta un bagaje extraordinario”.

-Comentaba usted antes que le gustaría en algún momento, cuando abandone la primera línea profesional como entrenador, dedicarse a viajar por el mundo para entrenar y conocer diferentes países. Igual podría hacer una parada antes y dirigir a la selección española. ¿Le atrae la idea?

Sí, lo he dicho muchas veces. Hay gente a la que le da miedo. A mí no me lo ha dado nunca, en el sentido de que para mí llevar la dirección de la selección sería un honor. He sufrido a tantos jugadores que están ahí en la selección con otros equipos, que me apetecería alguna vez llevarlos, aún sabiendo que has de tener unas características especiales, que solo trabajas en los veranos, aunque ahora con las ventanas algo más, que te impide compaginarlo con la dirección de equipos, aunque ahora se está demostrando que no. Pero sí, para mí sería un honor. Incluso haber estado en la terna de tres candidatos ya es todo un honor. Lo cual si nunca llegaran a elegirme sería un placer también”.

-Entre sus referentes, además del Joventut de Badalona como escuela de baloncesto le he escuchado nombrar a Manel Comas. ¿Se vive el baloncesto hoy en día con la pasión que él le ponía?

“Cada vez menos. Manel Comas era una persona todo corazón. Seguro que con tantos defectos como cualquiera de nosotros, pero aprendí mucho de él, tanto dentro como fuera de la pista. Era una persona nacida para enaltecer y exaltar a grupos humanos. A veces esa pasión tenía un periodo de caducidad, porque en muy poco tiempo era capaz de reactivar a un muerto como decía él. Esa pasión la absorbí y aprendí mucho de él. Muchas veces hago referencia a sus comentarios porque era una persona muy abierta, muy tolerante, nada rencorosa, nada diva. Ese baloncesto de antaño, de los años 70 que él defendía, aún tiene mucho camino por dar”.

-No me resisto a preguntárselo. ¿Le tentaría la idea de entrenar al Barcelona? Igual es capaz usted de revertir su trayectoria con demasiadas sombras de los últimos años…

Pues no depende de mí. A veces pienso que he tenido la posibilidad siendo catalán de entrenar al Real Madrid, una puerta que nunca pensé que se me fuera a abrir. Pero se abrió y lo hizo de par en par. La experiencia fue fantástica. ¿Podrás en tu carrera entrenar al Barcelona, al equipo de tu ciudad, donde tú naciste? Pues no lo sé. A veces, como en el caso de la selección española, he estado en esa terna donde se aventura que puedes ser uno de los potenciales candidatos, pero luego fichan a otras personas. Es algo que no me obsesiona. Me gustaría trabajar cerca de mi casa por una vez en mi vida, porque siempre me toca coger las maletas e irme lejos, y creo que va a seguir siendo así. Pero si esa puerta de abriera, aún respetando a los entrenadores que han estado que son de gran nivel, pues me gustaría ser capaz de trabajar allí y consolidar un proyecto que creo que tiene aún muchas posibilidades. Me parece que durante muchos años el Barcelona estuvo a un gran nivel de una forma constante y ahora están intentando reencontrar esa línea. Ojalá algún día pudiera ser yo. Pero no es algo que me quite el sueño ya. Hace muchos años hubiera estado sufriendo por esta situación. Ahora lo relativizas todo y no te obsesionas. Y ojalá merezca tener esa oportunidad. He dicho muchas veces que podría morirme ya. He vivido cosas extraordinarias. He jugado tres finales de la Eurocup, que no lo ha hecho nadie y he ganado una con el Unicaja, he entrenado al Real Madrid y he ganado una liga ACB y una Copa ULEB. Han pasado cosas muy bonitas en mi vida como para que yo pudiera darme ya por satisfecho. Pero bueno, tengo ese nivel de perseverancia, de ambición bien entendida, que hace que quiera aún vivir más cosas. Sé que me espera algo grande; no se qué, y quizá no me pase nunca. Siempre he dicho que si no soy seleccionar español, si no soy el primer entrenador español que dirija un equipo en la NBA, si yo no tengo esa posibilidad pero estoy cerca, ya tirará de mí para que cada día quiera ser un poquito mejor, que sea capaz de maquillar mis deficiencias, mis debilidades, y ser un poco mejor. La vida ya veremos por donde me lleva, y si me lleva allí fantástico, y si no desearles la mejor de las suertes”.

-¿En el baloncesto actual tan profesional y hasta en ocasiones tan elitista, hay margen para que un entrenador improvise?

Sí, yo creo mucho en eso. Creo que realmente a veces muchos entrenadores son muy robóticos, muy mecánicos, ortodoxos. Es una de las cosas en las que me veo distinto. Cada persona tiene una manera de ver la vida de forma diferente. Soy mucho de improvisar sobre un guión preestablecido. No me apetece ser un robot más. Quiero dar mi toque especial a cada lugar y aportar cosas. Tengo la suerte, y lo digo con el corazón y muy humildemente, de que por donde he pasado las cosas han mejorado. Y eso me halaga, me presiona porque en el próximo reto la gente espera que hagas lo mismo. Estoy orgullo de poder volver a lugares como Madrid o Zalgiris, a donde fui hace pocos meses y 16.000 personas se pusieron de pie para aplaudirme durante un minuto haciendo que se me pusiera la piel de gallina. Es mi toque. No soy una persona nada diva, no tengo un glamour excesivo. Soy un tío muy normal, que lo que pasa es que quiere hacer las cosas bien como haría cualquier camarero o banquero. Quiero ser una persona que aporte y mejore las cosas en los lugares donde trabajo. Entiendo que las sensaciones a flor de piel, las intuiciones que decía, sean lo que me diferencie de esa manera de entender el baloncesto más rígida donde el ganar por ganar lo vale todo. Quiero dejar huella por donde paso y hasta ahora lo he podido hacer”.

-Finalizo. ¿A un jugador de baloncesto se le llega a través de corazón, del sentimiento, o la cabeza?

Se llega por todos lados. No soy buen actor, aunque me gusta mucho el teatro y la literatura, así que en lo que creo es en convencer al jugador; en saber cómo trasladar una información, que todos somos hijos de nuestra madre y nuestro padre, y que a veces no somos responsables de ser como somos, que todos recibimos una educación muy distinta. Creo en el abrazo y en los cafés. Me gusta mucho el café, pero podría ser un té. Creo en la palabra y en tener un nivel de empatía muy alto, aunque genera un desgaste elevado. Siempre he dicho que moriré antes que los demás, porque no voy por el camino fácil. Quiero que el jugador, que está rodeado de un entorno muy difícil del que no se da cuenta hasta que no tiene 40 años, donde todo el mundo le dice que es fantástico, que ha de ser más egoísta, más individualista, consiga reformarse. Cuando lo logras el placer es brutal. Creo en eso. Creo más en la palabra y en la sensibilidad, más que en la amenaza. Como tampoco prometo cosas que no debo ni puedo. No tengo grandes enemigos en la vida porque voy bastante de cara y digo las cosas como las pienso, sobre todo a nivel profesional soy un reloj. No engaño a nadie y quien quiera sabe a qué atenerse cuando me tiene a su lado. El porcentaje de cosas buenas suele ser alto. Creo en saber escuchar mucho y aprender de cualquiera. Ahí la palabra tiene mucho más peso que la amenaza u otras cosas parecidas”.