FIRMAS Salvador García

Opinión | Agitación del malestar | Salvador García Llanos

Resulta que hablaron de revolución, término siempre discutible en el lenguaje publicitario (sobre todo si los efectos pretendidos no son los visibles), pero en realidad lo que han hecho ha sido agitar el malestar, el que ya existía con esos tapones en las carreteras del norte y del sur que crispan a conductores y maltratan a pasajeros, nativos y visitantes.
Hablaron de revolución en el transporte terrestre colectivo pero en los primeros días la cosa parece más bien caótica. Como toda innovación, se requiere un tiempo para amoldarse y adaptarse y ese margen hay que concederlo, a la espera de que los hábitos puedan consolidarse, pero los usuarios no están contentos, siguen preguntando antes de subir, hacen señas a los conductores cuando la guagua se aproxima, sufren incomodidades como ir de pie y se miran desconcertados.
En realidad, lo que ha hecho TITSA es una suerte de sinergia, basada en el aprovechamiento de las paradas existentes, da igual las vías de circulación que las frecuencias horarias. Es como decir, aprovechando que pasa por Santa Úrsula, parada obligada.
Pero el sistema ocasiona algunos perjuicios para puntos de partida: o desaparecen líneas consideradas directas, sin paradas o con las justas en el término municipal, o las alternativas, basadas en la frecuencia, son insuficientes. Ya nos referimos días pasados a la protesta de algunos alcaldes que, como no puede ser de otra forma, se ponen al lado de las demandas de sus vecinos. Ciudades como el Puerto de la Cruz salen perjudicadas, evidentemente. Creemos innecesario insistir en su condición de destino turístico y en su aportación al Producto Interior Bruto (PIB), así como en el elevado número de ciudadanos locales que se desplazan hasta Santa Cruz para cometidos estudiantiles, profesionales, funcionariales o de atención sociosanitaria. El Puerto tiene entidad suficiente como para merecer tener la mejor comunicación pública con la capital de la provincia. Aún recordamos cuando en los años sesenta ya funcionaba el “Expreso”, el microbús de nueve/diez plazas que eran reservadas desde el día anterior y que salía puntualmente a las y cuarto y menos cuarto, atravesando La Laguna y subiendo por Las Arenas. La oferta, con nuevas unidades de mayor capacidad, se mantuvo durante décadas. Hasta la 103, hasta la pretendida revolución que ha acabado con esa línea. Pero, por ahora, escasa o nula reivindicación.
En fin, los que desde hace años somos usuarios del transporte público interurbano sabemos lo que es el tiempo, tanto que algunos lo aprovechan para trabajar o resolver algunas cosas vía celular o portátil. Por lo que se deduce de las experiencias de estas primeras fechas de reordenación, al menos en el norte, van a disponer de más tiempo. Pero el que se computa para llegar desde el Puerto a Santa Cruz y viceversa es cada vez más largo: a los atascos, sumemos las paradas en pueblos y, sobre todo, en La Laguna. Por poner un ejemplo: el lunes, saliendo a las ocho de mañana, llegada al intercambiador a las nueve y media. Hora y media para cuarenta kilómetros.
Hagánselo mirar: la reordenación, visto lo visto, merece una revisada. Las revoluciones, para otros campos.

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