FIRMAS Francisco Pomares

OPINIÓN | A babor | Un necesario viraje al centro | Francisco Pomares

Pablo Casado pidió ayer discreción en las negociaciones para el nuevo Gobierno de Andalucía, ese gobierno que no solo implica sustituir a los socialistas en Andalucía, sino «cambiar de régimen político tras 40 años de estructura clientelar e inmovilista en la Junta». Es curiosa la facilidad con la que los políticos de los partidos tradicionales copian y asumen sin ningún problema los discursos del populismo radical: lo que ha habido en Andalucía estos años no es un Gobierno que ha durado 36 años porque así lo decidieron los andaluces, sino un régimen de 40 años, como el franquismo.

Lo dijo Casado ayer, tras anunciar cuál es la estrategia que él quiere seguir a partir de ahora: un pacto con Ciudadanos que asegure los 47 escaños que suman ambos partidos, que aún reclaman cada uno de ellos la presidencia de la Junta es ese hipotético acuerdo, y luego secretismo y discreción para intentar sumar los seis diputados que faltan, o para lograr la abstención de un número de diputados suficiente que impida que la votación de ese acuerdo pueda ser derrotada por una mayoría alternativa. Dicho de otra forma: Casado se mueve teóricamente entre dos hipótesis, una viable y la otra imposible: la hipótesis imposible es que el PSOE se abstenga para permitir votar a un partido que sacó siete diputados menos, o a una coalición -la integrada por PP y Cs- que sacó tres menos que la formada por los propios socialistas y la suma de Podemos e Izquierda Unida en Adelante Andalucía. La hipótesis viable es acabar por aceptar el apoyo de los doce diputados de Vox para conseguir formar un gobierno que cuente con 59 diputados, cuatro más de los 55 que se precisan.

Casado lo tiene muy difícil para cerrar ese Gobierno desde la ultraderecha al centro, y presidido por el PP, porque solo puede hacerlo si logra meter en la misma barca a Cs y a Vox. Incluso si Cs se amparara para pringarse con la ultraderecha en el hecho de que no puedes evitar que Vox apoye a quien quiera hacerlo (y eso es cierto), parece evidente que Cs no aceptaría convertirse en mera comparsa de un Gobierno presidido por el PP y apoyado por la ultraderecha. Quizá tendrían más tragaderas si el PP aceptara que el partido de Rivera presidiera Andalucía, pero eso es solo otra suposición que va a resultar difícil poder comprobar, porque el PP no se va a retirar.

Curiosamente, el partido al que más complicado se le ha puesto todo como resultado de estas elecciones es precisamente -de entre los partidos con representación en la Junta- el que mejores resultados ha logrado sumar, los mismos doce diputados que Vox, pero partiendo de nueve que ya tenía. Cs creció desde el 9,28 por ciento de los votos al 18,27, frente a Vox, que pasó del 0,45 al 10,97. Ahora el problema -sobre todo para Cs- es qué hacer con esos votos: prometió que serían votos útiles al cambio en Andalucía, pero su declarado centrismo no soportaría en las próximas elecciones haber aceptado un pacto con la ultraderecha. Haga lo que haga va a ser malo para Cs. Los partidos que se colocan en el centro lo tienen complicado cuando las sociedades se polarizan. Rivera ha intentado ocupar el espacio que pierde el PP, y le iba bien, hasta que Sánchez logró colarse en Moncloa y apostó por esta polarización suicida. No creo que con la radicalización mejoren los resultados del bloque de izquierdas, que parece en claro retroceso. Pero sí ha logrado Sánchez con su política radical fraccionar a la derecha, que crece y se radicaliza también.

Ciudadanos tiene ahora que optar entre pactar con la ultraderecha o volver al centro, a sabiendas de que eso puede alejar el Gobierno. Espero que al final comprendan que el daño menor es mantenerse al margen de un gobierno apoyado por Vox, y asumir el desgaste que pueda suponer una nueva convocatoria de elecciones en Andalucía. Porque el mapa parlamentario andaluz ha quedado a apenas un escaño para que otras opciones sean posibles.

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