FIRMAS Salvador García

No es lugar para broncas | Salvador García Llanos

Pero, ¿esto qué es?
Miren, la democracia es otra cosa. Y no se merece espectáculos como el vivido ayer en el Congreso de los Diputados. Y no, no se trata de exagerar ni de ponerse trascendentes. Al revés, duele tanto. Que en el ‘templo de la palabra’ -Ana Pastor dixit- el debate se confunda con el circo, lo tabernario sustituya al intercambio de criterios e ideas, que los insultos reemplacen a la elegancia oratoria, que algunas formas, en definitiva, sean las propias de un patio de vecindad, entristece.
Sobre todo, a quienes tanto han trabajado para cualificar el parlamentarismo. Y a quienes creíamos que a estas alturas de la democracia -próxima a cumplir cuarenta años constitucionales, pese a todas las imperfecciones, la cosa iba a madurar.
Duele mucho, de verdad. Porque los antidemócratas , que haberlos haylos, se están frotando las manos, dicen que este sistema no sirve para nada y consideran a todos los sujetos activos por igual, en una de las generalizaciones más injustas que se puede hacer, pero que parece inevitable. Los más resignados solo habrán aumentado su desafección. El nivel de encono y crispación es de tal magnitud que no ha sido difícil repetir la palabra vergüenza. Así no se construye democracia, ni se hace país, ni se da ejemplo edificante.
El desprestigio de las instituciones -y aquí estamos ante una de las primeras del país- está bajo mínimos. Conductas, comportamientos -escupitajo incluido-, descalificaciones verbales, irrespeto y hasta expulsiones del hemiciclo, revelan que la democracia se resquebraja y que, próxima a cuatro décadas de convivencia, corre peligro. Gobierno, oposición y los grupos parlamentarios, los responsables políticos, los partidos que están allí representados, deben hacer todo un esfuerzo, una reflexión a fondo, sincera, productiva y ejemplarizante, para ganar sosiego y para hacer un firme propósito de la enmienda.
Y es que, de verdad, no cuesta mucho. A estas alturas, se supone que habíamos madurado, que el nivel de comprensión y contraste ideológico iba a ser otro, que el proceder y la puesta en escena iban a estar caracterizados por comportamientos mucho más dignos.
Fue un día triste para la Cámara baja y para la democracia. Para la representación de la voluntad popular. Sí, de acuerdo, en otros parlamentos se han visto cosas peores, se han visto agresiones y tal; pero es que las Cortes españolas no están para eso, para algaradas tabernarias, para inspirar más desazón o más rechazo del que ya existe.
El Parlamento, sencillamente, no es lugar para broncas.
P.S.- Y salvando las distancias, el gesto de un párroco tinerfeño en el exterior del templo, dirigido a unos discrepantes, tampoco es muy edificante que digamos.
¡Vaya otoño caliente! A todos, un poquito de por favor.

Añade un comentario

Clic aquí para publicar un comentario