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La lacra de la falta de supervisión de los servicios públicos | José Ramón García Melián

Uno de los efectos indirectos de la crisis que arrastramos desde 2008, con referencia a los servicios públicos, tiene que ver con la gran carga de trabajo de los técnicos en las administraciones, que no ha sido respondida, en la misma medida, con aumento de los recursos humanos. Una de las consecuencias de todo lo anterior es la escasa, en muchos casos nula, supervisión.

Nueva LCSP

A pesar de que en la nueva Ley de Contratos del Sector Público se haya introducido la figura obligatoria del Responsable del Contrato, como una de las medidas de control de la ejecución, me temo que el problema seguirá, puesto que esta medida no conlleva, que yo sepa, un aumento de los recursos humanos, aunque es cierto, y de ahí la esperanza, que esta persona física o jurídica puede ser ajena a la entidad contratante, pero de nuevo aquí entraría en juego la posibilidad de gasto para acometer esa contratación externa.

Supervisión

En mi opinión, la falta de supervisión de la ejecución de los contratos de servicios y obras públicos es la principal razón de las deficiencias de muchos de ellos. Y es que no basta con controlar desde principio a fin los concursos públicos, sino que, una vez adjudicados, hay que hacer un exhaustivo seguimiento, supervisión, del correcto cumplimiento del contrato acordado, pues de no ser así, se estará malgastando el dinero público, además de perjudicar la calidad del servicios prestados a los ciudadanos.

Encuesta

Hace unos meses un cliente me encargó una encuesta a una muestra significativa de Asociaciones de Vecinos de un gran municipio. La encuesta contenía preguntas encaminadas a recoger la impresión de los vecinos acerca de su percepción de los distintos servicios públicos que se les prestaba, en concreto: mantenimiento de jardines, alumbrado público, recogida de basuras, mobiliario urbano, atención ciudadana, etc.

Pues bien, a través de esta encuesta pude comprobar que la mayoría de las incidencias se producían por falta de supervisión por parte de la propia administración.

AA.VV.

La experiencia anterior también me permitió comprobar que las asociaciones de vecinos son fuente bastante objetiva a la hora de valorar la calidad de los servicios públicos, puesto que al estar formada por vecinos de lugar, éstos conocen de primera mano los pequeños detallitos del día a día. Por ejemplo, eran capaces de elaborar un diario de cuántos trabajadores estaban asignados a ese lugar para la realización del servicio, o cuánto tiempo se tomaban para la pausa del desayuno, a qué hora comenzaban a trabajar y a qué hora se iban, etc. En fin, numerosos detalles, pero que no se utilizan para controlar.

Conclusión

En resumen, si a nivel privado, cuando contratamos los servicios de un profesional o empresa lo supervisamos y estamos atentos para que se hagan las cosas tal y como fueron contratadas y programadas, con la calidad solicitada y ajustada al presupuesto; con mayor razón y exigencia si de lo que se trata es de un servicio público que afecta a todos los ciudadanos. Porque es cierto que muchas de las empresas de nuestro país son honestas, pero también es cierto que con la crisis económica han aumentado las empresas irresponsables y deshonestas que aprovechan precisamente esa falta de supervisión por parte de la administración para hacer las cosas con el menor personal posible, sin las medidas adecuadas de seguridad, con materiales de baja calidad… y todo sin que la Administración se entere de nada.

No es de extrañar encontrarse con casos como los denunciados en el programa de Alberto Chicote, en Residencias de mayores y hospitales.

 

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