FIRMAS José Luis Zurita

Pedro Guerra | José Luis Zurita

Hace veinticinco años. O hace un poco más. La Laguna aquella de La Troya y de los menús enamoradizos en el comedor del Colegio Mayor San Fernando. Y de voces y tañidos de guitarra. ¿Dónde está el trovador Agustín Ramos que regaló, romántico, la Luna? Las gafas de Lennon hicieron y, todavía, hacen historia. Es la vuelta de Pedro Guerra (nunca te has ido) que, párvulo en Madrid, llevó el salitre a la sala Libertad 8. Y el cantautor contaminó y sentó pasiones. El poder de las canciones que pasan mientras las calles de José Alberto Díaz, el sexto alcalde que más cobra en la España cruenta, siguen ahí, invariables. Igual de húmedas y con iguales verodes en los tejados. Y con una nube que exhibe estrella Michelin, pero no encanta. Lo siento, Fernanda. Lo siento, Andrea. Pasamos por ahí (aniversario de plata), pero la puesta en escena no es suficiente en una casa de comidas, ni la luna llena desde el Teide, tampoco. La Macedonia, granita de grappa y crema de limón o la Pastelera de millo, cebolla vieja y ceviche de hierbas, entre otros platos, no prenden. El sabor no conquista. Los hermanos Myriam y Germán Ortega, propietarios de La Laguna Gran Hotel, tendrán que avivar la llama que un día cautivó al inspector gastronómico. Con estas maestrías, sigo sin entender cómo a Braulio Simancas se le resiste el reconocimiento. El restaurante Las Aguas, que mima Fachi Zamorano en el Bahía del Duque, es referente y escuela para la cocina creativa canaria. El premio de sus ricuras merece la justa vanidad.

La Universidad de cuando uno rompía y rasgaba. La tuna, los parches, los grillos entonados de madrugada y las ruindades a los pardillos. Vejámenes o no tanto que siempre han existido y continuarán entre farolas, esquinas o debajo del puente. Eso sí, en el Campus parece difícil. El Rectorado de la ULL lo tiene claro después de la celebración en Medicina entre potingues y alcohol, que no faltó. Te quiero. Te odio. El comunicado que viene de la Pagoda no ha lugar a interpretaciones: “Las novatadas suponen una grave falta de respeto al alumnado que las sufre y van unidas a vejaciones, humillaciones y acosos. Aunque haya acuerdo entre todos los participantes, son inaceptables”. Y eso que el vicedecano, Rafael Martínez, las tilda en el digital Periodismo ULL de “acto lúdico de inicio de curso”. Luego, Guadalberto Hernández, catedrático de Fisiología, muestra en el mismo medio distinta perspectiva: “Fue un espectáculo poco edificante y va en contra de los valores que debe transmitir un centro universitario”. La médico Ángeles Jiménez levantó la liebre y la mecha de la polémica prendió. Y, después, algunas barbaridades de descerebrados se publican en Facebook, como la de un tal Enrique Cido Concalcio (la Red Social debería clausurar este tipo de cuentas con perfiles incógnitos) que compara las críticas vertidas con un guion sobre el terrible Holocausto nazi. Preocupa que un individuo, presuntamente vinculado a las Ciencias de la Salud, profiera necedades de este calibre. Sonado.

Los estudiantes con beca amarilla, un montón de gente, en pie de guerra, defienden la tradición estudiantil en territorio frágil. Pero esta sociedad, política y correcta, no es la de antes. Ya, no todo vale. Mariconadas, las justas. ¿Dónde ponemos la frontera? Porque, al tiempo (comparancia odiosa), un joven inmaduro y gallito de Tenerife la lía en la Residencia de Tafira en otro encuentro tradicional entre tropa novel y veterana. O sea, una yincana. Pues eso. Y el nota, cuenta la novata, pavonea, acosa, persigue, encierra y fuerza a la felación. ¡No puede ser! Y denuncia al canto: el domingo 30 de septiembre, poco antes de la medianoche, la Policía Nacional se lleva esposado al supuesto agresor. El Rectorado de la ULPGCtambién lo tiene claro: “Desde la Institución defendemos a ultranza la tolerancia cero ante cualquier abuso sexual, o de otro tipo, que suponga un ejercicio de la fuerza física o de otra índole sobre una persona”. La vida es un algo incierto, afina el juglar.

Nos encanta que el paisano reanude. Y estaremos con él, en el Paraninfo, el 2 de noviembre. En el Edificio Central de La Chocolatera y de la complicidad. ¡Tantas! El álbum de su memoria incluye cuatro nuevas versiones a dúo con RozalénJuanesPablo López y Vanesa Martín. Lapsos plácidos y ronroneos al oído para amarte, amor. Y, ¡cojones!, también, para la rebeldía. Que no falte. Movemos los pies, tarareamos y bullimos. Amaneceres, retiradas y oraciones de adolescentes y puretas que pasan como Dios da a entender, en el alambre o apacibles con chimenea, pacharán, gin-tonic, almendras, manises… Y Pedrito Guerra de fondo, suave, sereno, cuerdas al aire, sin frío. Y homenajes a Montserrat Caballé (O mio babbino caro) y Charles Aznavour, que nos acerca a la bohemia del París de Montmartre (¡Oh, la, lá!) y a la Venecia sin ti. En fin. Golosinas.

Ilustración: María Luisa Hodgson

 

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