FIRMAS Salvador García

Nada edificante | Salvador García Llanos

Crispación en sus grados más altos. Saltar a la primera. Cualquier palabra, cualquier expresión hiere. Provocación, reacción. Difícil contenerse. El clima, las circunstancias están haciendo cada vez más complicada y tirante la actividad política. Atrás, muy atrás quedan aquellos modos elegantes, aquella tónica de respeto, aquellos discursos sobresalientes en las formas y en los contenidos, aunque luego se discrepara de ellos. Pero ahora…
Ahora, hasta una comisión parlamentaria se tiñe de ese color de enfrentamiento tensionado que no gusta a nadie. Da igual lo que se debata -en este caso era, nada menos, que la financiación irregular del Partido Popular- cuando el asunto deriva hacia el encono, hacia los gestos reprobables, hacia las voces airadas, hacia la algarada.
Un diputado, Gabriel Rufián, dice querer centrarse y dedica a la vicepresidenta de la comisión un calificativo, palmera. Esta, Beatriz Escudero, no lo soporta, pide amparo al presidente Pedro Quevedo, eleva el tono de voz para llamarle imbécil y reprocharle que le guiñara un ojo. A continuación, mientras Quevedo se ve manifiestamente desbordado, abandona la comisión. El compareciente, Álvarez Cascos, sonríe.
Una escena, ciertamente, muy poco edificante. Así la política no gana adeptos. Ni respeto. El parlamentarismo no es eso. O al menos, con todo el derecho a la libertad de expresión, no es lo que está escrito en los cánones ni lo que se espera por parte de un personal bastante harto y que comprueba que no mejora el enfermo, la enferma, la política.
Se quitan las ganas, sí. La gente ya está harta de diatribas entre quienes deben defender sus posiciones y sus planteamientos con modales muy distintos. No se puede ir a un foro a provocar, caso de Rufián. Si no se respetan, siquiera, los turnos de palabra, malo no, peor.
En verdad que las imágenes de esa comisión de ayer ponen de relieve que la política en nuestro país está alcanzando niveles de crispación insostenibles. No se debate sino que se discute. Y encima, con agresividad, con malos modos, sin dialéctica apropiada.
Un pequeño desastre, vamos. El problema es que se van concatenando y las impresiones que quedan son las más negativas. ¿Serán conscientes del daño que están causando?

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