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El futuro periodista | Marisol Ayala

Ocurrió hace un año. Entré a un bar, tomé café y leí La Provincia.  Al poco se puso a mi lado una mujer joven y guapa. Era la dueña del negocio. Sonrió, colocó la mano en mi hombro al tiempo que comentó un cariñoso «me gustan tus escritos, no me pierdo ni uno» y nos reímos. Supe entonces que uno de sus hijos estudia Periodismo y que ella no está convencida de que la elección haya sido la correcta; «en casa queríamos que estudiara otra cosa, en esa pagan poco; abrirse camino es muy duro», lamentaba. Comenté que era cierto, que la profesión es dura y los trabajos no sobran, como en tantas otras profesiones. “Yo lo veo aquí mismo, en la barra. Vienen, toman café y leen el periódico, así que una de las dos cosas le sale gratis ¿cuál?, ¡el periódico!”.  Hablé de lo que siempre hablo con padres que viven angustiados la decisión de elegir el futuro de los hijos.  «No lo desanimes. Deja que estudie Periodismo que es lo que le gusta. Ya meterá la cabeza por algún agujero. El periodismo no desaparecerá; el papel lo pasa mal, es verdad, pero con formación y ganas saldrá adelante”. Supe qué desde pequeño le gustaba contar historias, escribirlas y leerlas. El periodismo lo estaba atrapando, más pistas imposible. Entonces recordé episodios vividos muchas veces a lo largo de mi vida profesional. Como se imaginan por una redacción pasan decenas y decenas de futuros periodistas en prácticas. Los becarios, son los chicos del verano a los cuales los veteranos les hemos echado una mano, les recomendamos reportajes o simplemente les hablamos sobre la importancia de guardar los contactos, ser respetuosos con los entrevistados, en fin. Un caso.  Algunos recordamos a un fotógrafo que se presentó en el despacho del Presidente canario,  Manuel Hermoso, con una camiseta que lucía un gran culo en el pecho. A casita. En suma, les orientamos en sus primeros pasos en la profesión.

Terminé el café y le dije a la mamá angustiada. “El día que tu hijo publique su primer reportaje verás al tío más feliz del mundo», terminé el café y nos despedimos. Hace unas semanas recibí una página de La Provincia. «Hola. Quería que supieras que mi niño ha publicado hoy el primer reportaje de su vida. Jamás lo he visto tan feliz, orgulloso. Gracias. Tenías razón. No será millonario pero será feliz”.

Lo de hacerse millonario ejerciendo la profesión honradamente no se conoce un solo caso, que yo sepa.

Fuente: Blog de Marisol Ayala

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