FIRMAS Salvador García

Otra crisis migratoria | Salvador García Llanos

Se ha elevado el grado de insensatez y radicalidad en algunas redes sociales a propósito del fenómeno migratorio que, con la llegada del buen tiempo, aumenta en estas fechas. Los dos factores van interconectados, sobre todo cuando las soluciones que se aportan no son otras que el rechazo sin más, aún con el empleo de métodos violentos e inhumanos. Y cuando ya se razona en términos de ‘efecto llamada’, acabáramos. Entonces, ¿qué había que hacer con quienes iban a bordo del Aquarius?¿Dejarlos morir, arrojarlos al mar…? Los mismos que ahora sitúan como referencia de los males actuales -sin reparar en otras causas y en la propia evolución del fenómeno- aquel barco donde se vivía una tragedia, seguro que serían los mismos que criticarían a un gobierno progresista de insensibilidad y de insolidaridad manifiesta, parece mentira… ya se sabe.
El problema es de una complejidad tal que resulta pueril y hasta indecente recurrir a las emociones -muy de moda, ¿era eso la nueva política?- para acercarse a posibles soluciones. En Canarias se vivió en primera línea aquella migración irregular incesante. Cuando el asunto arreciaba, por cierto, dada su magnitud, los dos obispos canarios lanzaron mensajes apelando a la comprensión de la población, mientras aguardaban medidas e iniciativas que contribuyeran a mitigarlo. Los habitantes de las islas, especialmente los de aquéllas donde se registraba la mayor afluencia de pateras y cayucos, hicieron gala de su proverbial sentido de acogida, en tanto el personal de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, así como el de organizaciones sanitarias y no gubernamentales, multiplicaba sus esfuerzos para poder atender la llegada de personas que, literalmente, se habían jugado la vida. No faltaron entonces voces altisonantes pero la virulencia de ahora, seguramente impulsada por intereses políticos, es mucho mayor.
Algunas cifras de este fenómeno (fuente: Parlamento Europeo) son llamativas. El sondeo del Eurobarómetro del pasado mes de mayo concluyó que el 72 % de los europeos quiere que la Unión Europea (UE) intervenga más en la gestión migratoria. El Parlamento Europeo (PE) prevé solicitar más fondos para afrontar la afluencia de solicitantes de asilo, pero, en todo caso, en el marco de las negociaciones presupuestarias posteriores a 2020. La travesía por el Mediterráneo sigue siendo mortal: tres mil ciento treinta y nueve muertos o desaparecidos en 2017. Este mismo año, fueron contabilizadas ciento setenta y dos mil trescientas personas que llegaron a Europa por mar. También en 2017, doscientas cuatro mil setecientas personas cruzaron las fronteras europeas sin tener regularizada su situación, eso sí, su nivel más bajo en cuatro años. El año pasado, cuatrocientas treinta y nueve mil quinientas cinco personas fueron rechazadas para acceder al territorio comunitario desde las fronteras exteriores de la UE.
Los países que albergan la mayor cuota de refugiados son Turquía, Pakistán, Uganda, Líbano, Irán y Alemania. El año pasado los países de la UE concedieron protección a más de quinientas treinta y ocho mil personas. Por otro lado, según la Agencia de la ONU para los Refugiados, en 2017 un promedio diario de cuarenta y cuatro mil personas se vieron obligadas a huir de sus hogares.
En fin, como podrá comprobarse con estos datos estadísticos, estamos ante un problema de envergadura que ni las emociones sobreexcitadas ni las medidas drásticas en las líneas fronterizas van a resolver. Claro que tampoco es cuestión de cruzarse de brazos y a verlas venir para lidiar o administrar como mejor se pueda con las devoluciones. Habrán de aplicarse los gobiernos en la adopción de medidas que deben residenciarse en los países emisores. Y aún así…

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