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La lucha por la igualdad continúa | Salvador García Llanos

La constancia de las mujeres está siendo determinante en los avances que sitúan ya a España a la vanguardia de las políticas igualitarias. Era, es, un proceso largo en el tiempo, complejo desde el punto de vista de modificación de patrones y propenso, en ese sentido, a chocar con resistencias y no pocos obstáculos de distinta naturaleza. Pero la cada vez mayor implicación de poderes públicos, instituciones y agentes sociales produce una mayor sensibilización y una respuesta gradual que permite cosechar resultados positivos.
Claro que esta lucha tiene un norte muy claro: la construcción de sociedades igualitarias. Por eso requiere de la contribución de todos. La prueba más reciente estuvo en Bilbao, donde más de quinientos cargos públicos, procedentes de cuarenta Estados europeos, se reunieron para reivindicar a la Comisión Europea una prueba fehaciente de su compromiso con la igualdad entre hombres y mujeres. Esa demostración estará sustentada por una estrategia que obligue a la Unión Europea y a los propios gobiernos nacionales a fomentar políticas integradoras que favorezcan los principios de igualdad. Los gobiernos regionales y locales no se quedarán atrás: al contrario, ahí aparecen, por criterios de proximidad, en una posición clave para el desarrollo de las medidas que se se diseñen.
Lo reconoció hasta Rigoberta Menchú, la guatemalteca premio Nobel de la Paz, asistente a la convocatoria de Bilbao, quien dijo sentirse “municipalista en todo el mundo, porque creo que es en el municipio donde está la gente, su realidad cotidiana, sus talentos y su esperanza”. Se trataba de una Conferencia sobre Igualdad, Diversidad e Inclusión. Por eso quiso poner en valor el papel de alcaldes, concejales y consejeros que, entre otras cosas, habrán de esmerarse en la elaboración de presupuestos sociales y comprometidos con los que contrarrestar los efectos de la discriminación, de la xenofobia y del racismo que, lejos de disminuir, aparecen con fuerza en distintos escenarios. Menchú hizo hincapié en la decisiva contribución de los electos y responsables públicos para materializar tres objetivos en el desenvolvimiento de las sociedades de nuestros días: la equidad, la diversidad y la inclusión.
La igualdad, pues, sigue siendo una meta. Por eso, debe ser una constante en los discursos políticos y, además, en los programas de cualquier ejecutivo, sea del signo que sea. Hay que hacer de la igualdad una realidad. Las autoridades europeas ya deben conocer esta apelación, no en vano la Carta Europea por la Igualdad de Mujeres y Hombres, elaborada por el Consejo de Municipios y Regiones de Europa (CMRE), respaldada por más de mil setecientas entidades locales y regionales, recoge estas demandas que pretenden superar la desigualdades aún existentes y que terminan incidiendo, en muchos casos, en la subordinación de las mujeres. Una mayor igualdad serviría, sin duda, para disminuir otras formas de discriminación.
Entre las conclusiones de la conferencia de Bilbao se señala una doble necesidad. Por un lado, la cooperación entre todos los niveles de gobierno y la sociedad civil a la que ya nos hemos referido; y por otro, la acción concertada de organizaciones e instituciones internacionales y europeas, con vistas a realizar progresos decisivos “en materia de igualdad de mujeres y hombres, de diversidad e inclusión desde ahora y hasta 2030”.
En definitiva, la lucha por la igualdad continúa.

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