FIRMAS Salvador García

Diálogo en Moncloa | Salvador García Llanos

A ver los dialogantes, todos los que han venido pidiendo y exigiendo diálogo desde que se enquistó y se convulsionó el proceso independentista catalán, con qué actitud, con qué talante y con qué planteamientos de viabilidad llegan al momento ansiado: los presidentes del Gobierno y de la Generalitat, Pedro Sánchez y Quim Torra, respectivamente, se encontrarán el próximo lunes en la sede de La Moncloa.
 
Hasta ahora, la fase preliminar conocida -se supone que puede haber otra elaborada intramuros y sin trascender-, consistente en el intercambio de mensajes mediáticos y en las declaraciones de intenciones interesadas, no invita al optimismo. Ambiente muy revuelto y posiciones catalanas de salida muy rígidas. ¿Harán juego de piernas unos y otros? Desde luego, mucho se juegan las partes en esta primera cita: Sánchez arranca en un clima social y político poco favorable. Es consciente de que el asunto se puede volver muy en contra, en función de las concesiones que haga, si es que está predispuesto para ellas. La oposición del centro derecha y de la derecha extrema esgrimirá, con el discurso que sea, la hipoteca política y la ruptura de España, como consecuencias arriesgadas. Y en este contexto, no lo olvidemos, entran en juego las emociones, incluso las de aquellos que menos motivados o interesados políticamente se encuentran.
 
El Gobierno de Sánchez quiere ofrecer algo concreto para que se aprecie su buena voluntad, sobre todo en Catalunya. Un plan de inversiones y reformas, por ejemplo. Un paquete de medidas políticas concretas y transversales, otro ejemplo, con el que avanzar hacia una convivencia política y una interrelación interadministrativa lo más normalizadas posibles. O el compromiso efectivo del porcentaje de inversión en territorio catalán según el Producto Interior Bruto, alrededor de un 19 %.
 
¿Y los catalanes independentistas, es decir, el Govern, qué ofrece? ¿Sobre qué quieren dialogar? En sede parlamentaria, Torra ha insistido días pasados en el derecho de autodeterminación, en cómo culminar el accidentado proceso. No parece que le importe mucho más, salvo la libertad de los presos (dijo que no son moneda de cambio) y los numeritos de imagen y propaganda, allí donde tenga que escenificarlos, baste contemplar la proliferación de lazos amarillos. ¿Dirá algo de la televisión autonómica? ¿O eso no se toca? A ver si la estrategia del todo o nada se flexibiliza.
 
Por eso, la entrevista del próximo lunes -ya se verá cómo ultiman las partes su preparación durante el fin de semana- es, acaso, uno de los actos políticos más importantes en lo que va de año. Hará mal Torra si se enroca. La causa soberanista de Catalunya ha ido ganando antipatías a medida que algunos líderes y cargos políticos han mostrado su radicalidad y su intransigencia. Les dará igual esta apreciación y que una gran mayoría de españoles está harta de sus exigencias con tal de hacer valer sus aspiraciones. Es una buena ocasión para auscultar el seny. Igual la cosa queda en tablas y con fijar un calendario de nuevos encuentros para normalizar se conforman.

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