FIRMAS Salvador García

«El Puerto, pura mezcla» | Salvador García Llanos

«El Puerto es pura mezcla», bordó la historiadora Milagros Luis Brito, ex de tantas responsabilidades públicas, en su pregón de las Fiestas de Julio de su localidad natal, leído en el salón de plenos de las casas consistoriales que se llenó y escuchó con mucha atención un recorrido personal e intimista combinado con las referencias históricas y costumbristas, con la alusión a personajes y sensaciones que dejaron huella y con moderada reivindicación femenina.
 
Ofició de presentador el alcalde, Lope Afonso, que interpretó bien una de las preguntas que se hizo la pregonera a propósito de los rasgos diferenciales del municipio y de los portuenses. Luis Brito explicó la idiosincrasia, desde el fervor al pluralismo ideológico, desde el respeto a la tolerancia, factores que indujeron a no considerar extraños a los turistas, aunque les llamásemos extranjeros.
 
Por eso destacó ese espíritu de integración que desgranó con ecuánime generosidad, sobre todo en los hechos que le concernían directamente. Vivencias de niñez y de adolescencia, la forja de la personalidad que bajó de Las Dehesas al litoral para observar, aprender y hablar de César Manrique, por ejemplo, con la autoridad que huye de los tópicos.
Pura mezcla de cualidades, algunas curtidas en su etapa de concejala, cuando descendió al pie de las demandas ciudadanas y supo que no es fácil atenderlas. Y cuando contrastó la realidad de los barrios cuya completa enumeración revelaba que donde hubo, siempre queda, si se nos admite la frase hecha. Y cuando en el extranjero, en esas coincidencias inesperadas, siempre sale el rejo del orgullo que deriva de la localidad natal.
 
Fue la suya una pieza ajustada en el tiempo -los pregoneros siempre dudan de si lo sobrepasan, para no cansar- y en contenidos cuya emotividad se hizo palpable en algunos fragmentos. Revindicó a las mujeres portuenses que, como María de Betancourt y Molina y Concepción (Conchita) Rodríguez, hicieron aportaciones valiosas aunque sustantivamente diferentes: la primera, componente de una saga familiar extraordinaria, científica e inventora; la segunda, protagonista de un hecho casi insólito en la predemocracia municipal: ser concejala, representar a la ciudadanía abriendo surcos en un municipalismo que pocos años después se transformaría extraordinariamente.
Los ¡vivas! finales de Milagros Luis Brito, a la Virgen del Carmen, al Gran Poder y a San Telmo, rubricados con una ovación de un minuto, reflejaron sus sentimientos, su honda condición de portuense que, además, siempre miró al Valle -también en su pregón- para interpretar que las peculiaridades son complementarias y ennoblecen. 
 
Porque el Puerto, ya lo dijo «es pura mezcla».

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