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Santa Cruz en Texas | José Manuel Bermúdez

La semana pasada tuve el honor de participar en los actos del tercer centenario de la fundación de San Antonio de Texas, respondiendo a la invitación cursada por su alcalde mayor, Ron Nirenberg.

Las ciudades de Santa Cruz de Tenerife y San Antonio de Texas estamos hermanadas desde 1983, en razón de una historia compartida que arranca en el lejano año 1731.

En aquel entonces, 56 personas naturales de Tenerife, Lanzarote y Gran Canaria inician un duro y largo viaje desde el puerto de Santa Cruz hasta llegar a las orillas del río San Antonio, en Texas. Allí se instalaron, trabajaron la tierra y cuidaron ganado; allí realizaron los canales de regadío, sufrieron los ataques de las tribus apaches y comanches y durante más de 100 años fueron la población más influyente de la zona.

Aquellos canarios, que se asentaron allí a partir de las misiones españolas pre-existentes, pusieron los cimientos de la que es hoy una gran ciudad, desarrollada durante los últimos tres siglos con las inevitables vicisitudes históricas comunes a los grandes pueblos.

Precisamente, en una de esas misiones originarias, El Álamo, donde más tarde se produciría la famosa batalla del mismo nombre entre las tropas mexicanas y los rebeldes texanos, se conservan hoy en día numerosas referencias a los canarios.

Aquellas familias que partieron de nuestro puerto de Santa Cruz de Tenerife sin saber que estaban llamados a fundar la que es hoy una de las ciudades más importante de los Estados Unidos de América. Y familias con apellidos tan reconocibles para nosotros como Leal, Curbelo, Santos, Padrón o Cabrera, entre otros.

Todas ellas y sus descendientes han luchado por mantener vivo un vínculo con su patria chica, algo que les honra porque, en definitiva, no se puede entender el presente sin conocer el pasado.

En esa dirección, durante mi estancia tuve la oportunidad de agradecer el trabajo que ha desarrollado desde su fundación, en 1966, la Asociación de Descendientes de las Islas Canarias, una entidad que ha contribuido a unir a canarios de uno y otro lado del Atlántico.

Como también lo ha hecho en los últimos años el incansable doctor Chiscano, un dignísimo ejemplo de la vigencia de esa hermandad y a cuya tenacidad e inquietud debemos que Santa Cruz dedicara una de sus plazas a San Antonio de Texas.

Quiero aprovechar esta tribuna para reiterar públicamente el agradecimiento profundo del pueblo de Santa Cruz, del pueblo canario, a las autoridades de San Antonio de Texas y al comité organizador del Tercer Centenario por hacernos sentir importantes en la celebración y, sobre todo, por contribuir a reforzar unos lazos que, aunque hoy son ya irrompibles, serán mucho más profundos a partir de este momento.

 

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