FIRMAS Marisol Ayala

Huir para vivir | Marisol Ayala

Hace semanas la vi por primera vez. Ella esperaba un turno, yo igual. Maté el tiempo hurgando en las redes. Ella estaba nerviosa, hablando alto, un estado que atribuí a la consulta médica. Cuando nos atendieron, a ella un poco antes, salimos y la vi en la puerta. Caminé para alejarme del centro cuando escuché que me llamaba. Cinco minutos después estábamos en una cafetería. “La conozco. Quiero contarle cómo ha sido mi vida”. Sospeché que no bien. Antes me hizo prometer que no revelaría su nombre. Le contesté que la mayor garantía era no decírmelo. Está en los 67 años y si su vida en lo económico ha sido cómoda en lo sentimental ha sido de desprecio y humillación. Reconoce que su papel en el matrimonio ha sido la sumisión, es decir, cuando él quiere y cómo quiere. Y así 27 años, hasta que un día se cruzó en su vida un hombre joven que la ilusionó y acabó siendo el escape a su amargura. Han mantenido una relación intermitente pero larga en el tiempo; trece años de encuentros furtivos que conocían media docena de personas. “¿Él sí puede y yo no?”, se preguntó. Durante años la infidelidad iba sobre ruedas, ni una filtración, pero siempre alerta, consciente de que jugaba con fuego. Creía tener todo atado y se equivocó. Su única hija, la que le ha perdonado al cafre de la casa todo lo perdonable, un día la sentó en la terraza. Tiene 36 años. “Lo sé todo mamá y no lo voy a permitir. A papá, no”. Le hizo prometer que no lo vería más o se lo diría a el que la echaba a la calle. Lo conoce bien y sabe que es capaz de eso y de más.

No sé qué era peor para ella sí perder a su amante o a su hija. “Es doloroso pero él me ha hecho feliz; ella, no. Mi hija seguirá su camino. “¿Se lo digo y me cree?, no la perdonaré nunca”. Deduje que su intención era que yo supiera quién es su marido, que lo sé, y compartir su corte de mangas con alguien a la que apenas conoce. En unas semanas huirá a Miami con su amante. Allí vivirán. “Entonces, si quieres escribir la historia escríbela pero cuando me vaya, que me mata. Te dejo esta carpeta”.

Culebrón. Si el lector se hace preguntas yo me hago mil más. “¿Sabes? mi hija es tan machista como el padre”.

Tal vez.

Fuente: Blog de Marisol Ayala
 

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