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Ojos que no ven… | Francisco Pomares

Un estudio del grupo Eomar del Instituto EcoAqua de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, realizado entre los años 2015 y 2016, ha demostrado la existencia de grandes concentraciones de microplásticos en aguas de las Islas. Se trata de una presencia bastante más alarmante y peligrosa que la de las famosas «microalgas», ya desaparecidas con la bajada de las temperaturas, y que se origina por el arrastre de partículas de plásticos fotodegradados, que llegan a nuestras costas traídas por la corriente de Canarias, una rama descendente de la corriente del Golfo, que produce esa concentración de microfragmentos de plástico en nuestras calas y playas, especialmente en las del norte de las Islas.

El estudio del fenómeno es relativamente reciente, aunque hace ya dos décadas que preocupaba a los científicos. Se trata, sin duda, de uno de los agentes contaminantes más mitificados, sobre todo como resultado de las informaciones sobre la existencia de una isla de residuos plásticos en el océano Pacífico, de un tamaño superior al de México. Esas informaciones suelen acompañarse de fotografías en las que se muestran altísimas concentraciones de todo tipo de productos y residuos plásticos flotando en costas cercanas a vertederos o zonas industriales o muy pobladas. Pero ese tipo de contaminación no es el problema al que nos referimos, ni es tan grave, a pesar de ser mucho más visible. La «isla» de residuos plásticos del Pacífico -conocida como «Eastern Garbage Patch»- es un fenómeno de bajísima densidad, prácticamente imperceptible: la mayor parte de los plásticos que contaminan el océano van desde el tamaño de un grano de arroz a lo microscópico, y su densidad no suele superar las cuatro o cinco partículas por metro cúbico. Los plásticos flotan en una superficie de entre 700.000 y 2 millones de kilómetros cuadrados, con una densidad cercana a las 800.000 partículas de plástico por kilómetro cuadrado. Si fuera posible juntar todo ese plástico, ocuparía una extensión similar a entre tres y cuatro veces la isla de Tenerife. El fenómeno de concentración de plásticos del Pacífico también se produce en el Índico y fue descubierto en 2009 en el norte del Atlántico. En cualquier lugar donde se tiren plásticos al mar y haya giros en las corrientes -ocurre en todos los océanos- habrá zonas afectadas.

La existencia de estas partículas, que son ingeridas por los peces e intervienen en el proceso trófico, es el resultado de que el plástico no es biodegradable, pero se fotodegrada. La luz del sol lo desintegra en pedazos de plástico cada vez más pequeños, que -de forma repetitiva- llegan hasta el nivel molecular, confundiéndose con el plancton del que se alimentan muchas especies del ecosistema marino. El fenómeno afecta a centenares de ellas y tiene consecuencias dramáticas: el plástico absorbe con facilidad partículas tóxicas que acaban en los estómagos de peces y aves y posteriormente en el nuestro.

El problema es que los residuos se multiplican de forma vertiginosa: su volumen puede haberse centuplicado en los últimos cuarenta años, alterando delicados ecosistemas, con consecuencias inciertas. Ya están en Canarias. Pero no se ven. Lo más probable es que nadie haga el más mínimo caso.

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