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Los olvidados: Eduardo Zamacois | Eduardo García Rojas

Eduardo Zamacois es uno de los escritores españoles más injustamente olvidados de su generación y no por significación política, fue toda su vida un hombre progresista con todas sus letras, sino por una vida que raya con lo golfo más que con lo disoluto y una producción literaria de supervivencia en la que el lector se encuentra con potables novelas eróticas hasta con obras de un realismo inclasificable que tira a lo popular y que hacía intuir por donde iban a ir los hijos de Benito Pérez Galdós si la Guerra Civil no trunca esa visión de una nueva España.

Sobre esa nueva España gira la que, a nuestro juicio, es la obra maestra de Eduardo Zamacois, El asedio de Madrid, una novela que escribió en 1938 sobre una ciudad prácticamente rodeada por el enemigo, reflejando el espíritu de un pueblo en armas contra la otra España, la de los militares rebeldes, la iglesia y la rancia derecha…

Los protagonistas del relato son personajes del pueblo, gentes sencillas que viven en una corrala madrileña y que toman conciencia todos a unacuando se produce la rebelión militar en verano de 1936.

La historia presenta a una serie de personajes que por convicción se comprometen a defender una República amenazada pero también ahonda, ¡en 1938!, en las contradicciones de una izquierda que fue incapaz ante la amenaza común de constituirse en una Unión de Hermanos Proletarios.

Se puede, y se debe leer, El asedio de Madrid como una novela directa y profundamente politizada de aquellos años. Está escrita por un periodista y escritor que permaneció en la capital de España cuando todo parecía sentenciado para la II República.

Su entusiasmo por causa le animó a escribir una novela generosa en páginas donde rinde homenaje al pueblo de Madrid y su resistencia contra el fascismo, en unas páginas repletas de emotividad y sentimientos.

Eduardo Zamacois no esconde sus simpatías, el pueblo que ha tomado conciencia, y describe con implacable realismo las vicisitudes que sufrió los primeros años de una guerra cuyas cicatrices no han terminado aún de cerrar.

Se describen en la novela los bombardeos desde el aire y desde tierra, el arrojo de los milicianos y el hambre de los asediados. Se describe también, con violento brochazo, la muerte de Buenaventura Durruti y cómo los discursos de Margarita Nelken mantuvieron alta la moral en los peores momento del asedio.

El escritor rinde también homenaje a los militares leales con la II República que organizaron la defensa de Madrid con los escasos medios que tenían. Aparece MiajaRojo e incluso Casado. También comunistas legendarios como Líster El Campesino y se elogia a las Brigadas Internacionales y se desprecia al enemigo, el que combate en la trincheras y el que lucha en la clandestenidad como Quinta Columnista.

Y todo escrito día a día, cuando se produce la tragedia que desangra una ciudad, Madrid, que se crece como un gigante ante la amenaza del enemigo que cerca la capital de España. Pueblo al que intenta derrotar desde el aire y desde tierra con una intensísima capacidad de fuego.

Desgraciadamente, El asedio de Madrid no ha vuelto a editarse, lo que sorprende porque es un título contemporáneo a los hechos que narra y en el que se destaca el espíritu estoico de un pueblo capaz de renunciar a todo menos a que su ciudad caiga en manos del enemigo.

Novela que pese a su entusiasmo no cae en el panfleto, El asedio de Madrid si se deshuesa de todo su espíritu propagandístico, resulta un excelente documento para aproximarse a lo que sintieron los asediados en aquel infierno. Hombres, mujeres, niños y ancianos que como la ciudad en la que vivían, los años de resistencia dejaron con lo puesto. Madrid, mientras tanto, se reducía a un puñado de ruinas.

Emociona, y mucho, un libro que no ha perdido su capacidad de conmover. También, quién lo iba a decir en unos tiempos como los actuales, a creer que realmente hay una España que no quiere desaparecer en la corriente caprichosa de la Historia.

Eduardo Zamacois, su autor, fue un hombre raro, atípico en la España de su tiempo. Nació en la provincia de Pinar del Río, Cuba, aunque muy pronto y junto a su familia viajó a Bruselas, París y Sevilla. Tras fijar residencia en Madrid, abandonó sus estudios universitarios para dedicarse a la literatura.

Cronista en el frente de Madrid hasta 1937, trasladándose luego a Valencia y Barcelona, publica en 1938 El asedio de Madrid.

Tras la Guerra Civil, buscó exilio en México y Estados Unidos antes de recalar en Argentina, donde moriría a los 98 años de edad.

Iniciador de la novela de kiosco en España, Eduardo Zamacois procuró toda su vida mantener la dignidad del derrotado. Si leen El asedio de Madrid, conocerán quienes le inspiraron esta conducta.

Él lo llama el pueblo de Madrid.

Saludos, ¡¡¡NO AL CIERRE DEL TEATRO TIMANFAYA!!!, desde este lado del ordenador.

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