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ESPECTÁCULOS | Aerosmith demuestra en el Heliodoro que crecer es tan sólo una trampa

EBFNoticias | Ale Hernández | Los que tuvimos el privilegio de vivir, en primera persona, lo que aconteció anoche en el Heliodoro podremos contar a nuestros nietos que no sólo de Teide, playa y papas arrugadas con mojo vive el tinerfeño.

Anoche el estadio de la ciudad capitalina recibió a Aerosmith. Los «malotes» de Boston, demostraron a pie de pista que cualquier tiempo pasado no existe, que el presente lleva su nombre y que el futuro está envuelto en sus canciones.

Pasadas las 22:00 horas, tras haber disfrutado de la calidad escénica de La Pista Búlgara, irrumpió sobre el escenario -de un Heliodoro ávido de marcha- Aerosmith. Como si de un flasback en el tiempo y espacio se tratase, Steve Tyler y sus chicos «besaron» terreno chicharrero como si no existiese un mañana.

Sin desvelar el secreto de la fórmula de su eterna juventud musical, la banda estadounidense derrochó energía y ese poderío que muchos intentan imitar mas  sin resultado alguno ya que con ello se nace y no se hace.

Arropados bajo una estructura apoteósica de más de 35 toneladas y de ese calor chicharrero que todo lo puede, los «malotes» de Boston, hicieron las delicias del público presente con temas como «Let the music», «Elevator» y «Edge», que tan sólo fueron la antesala de casi dos horas de puro Rock desenfrenado.

Con la tarea bien aprendida, Aerosmith, no se salió del guión consiguiendo, de ese modo, no sólo no aburrir sino no cansar, que es mucho más difícil. Alternando la energía vital, con canciones tales como «Eat the rich» o «Walk this way», con la emoción incontenible de dos de sus mejores baladas,»Crying» y «Miss a thing», lograron no sólo no decepcionar sino hacer de la demanda, por parte de su público chicharrero, el hilo conductor de toda la velada.

Con el alisio a su favor y ataviados con una calidad de sonido digna de los grandes, la banda estadounidense se despedía dejando entre los asistentes un sabor de boca agridulce, al observar como éstos titanes del directo se despedían, tal vez para no volver, sin interpretar dos los temas más aclamados de su extensa discografía: «Crazy» y «Pink».

Pero como no sólo de singles vive el aficionado, la amarga despedida se tornó en un dulce «hasta pronto», utópico para creer pero imposible no desearlo.

Anoche, Santa Cruz, reiteró su vida con un espectáculo inolvidable colmado de retinas satisfechas, de tímpanos agradecidos y de cuerpos rotos de gusto por el Rock. Anoche, en el Heliodoro, Aerosmith demostró que envejecer no vale la pena y que crecer es tan sólo una trampa.

Agradecimientos: New Event

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