FIRMAS Francisco Pomares

A babor | Solo puede quedar uno | Francisco Pomares

Esto de los avales para participar en las primarias del PSOE es como una prueba de fuego, para evitar que se sumen al espectáculo espontáneos sin más mérito que el exceso de ego o la caradura. En realidad, la ‘nota de corte’ exigida es tan alta que al final entra en la carrera sólo gente con posibilidades reales de seguir en ella. El recuento inicial lo que nos dice es que siguen en liza Juan Fernando López Aguilar, con alrededor de 1200 avales (500 más de los necesarios), Patricia Hernández, con 1800 y Ángel Víctor Torres, que galopa en la cabeza con 2100. Pero -aunque ahora pueda parecerlo- esto no es una carrera de galgos. Esto es un proceso de movilización de las estructuras de apoyo a la caza de firmas, un proceso que en otras ocasiones no ha funcionado precisamente con absoluta limpieza. En pasadas primarias en Canarias -a la Secretaría General o a la Presidencia del Gobierno-, siempre se han producido escándalos de distinta consideración, que han afectado a todos los participantes, aunque es verdad que a algunos más que a otros. Es muy probable que en el recuento de estos avales de ahora volvamos a encontrarnos con repeticiones, irregularidades, firmas suplantadas y ese tipo de pequeñas golferías que caracterizan el ejercicio de una democracia participativa que no está controlada en primera instancia por los tribunales o por órganos independientes de los partidos, sino por las propias direcciones, casi siempre juez y parte de los procesos.

Hasta la presentación de los avales de López Aguilar, en cantidad suficientemente holgada para evitar sorpresas, desde el equipo de apoyo del eurodiputado, en el que Javier Abreu desarrolla una actividad intensa, se consideraba posible que los otros candidatos hubieran inflado sus propias listas con avalistas de López Aguilar, para eliminar luego esos avales repetidos en las dos candidaturas, y dejarlo fuera. Pero eliminar más de 500 avales de los 1200 presentados sería un escándalo que obligaría a una intervención más allá del propio partido. Por eso, puede decirse que López Aguilar está ya en el juego, y que eso supone la mayor distorsión de esta pelea que -objetivamente- parecía destinada a producirse entre un candidato de la provincia de Las Palmas y una candidata de la provincia de Santa Cruz de Tenerife. Ahora no va a ser así: López Aguilar y su discurso de izquierdas parecen beber más del caladero de votos de Patricia Hernández, lo que al final refuerza las posibilidades de Ángel Víctor Torres, excepto que se produzca un acuerdo entre López Aguilar y Hernández que implique el abandono de uno de ellos. Si no sucede tal cosa, es probable que el futuro secretario general del PSOE sea el candidato que más avales ha presentado. En cuanto a Patricia Hernández, considerada virtual secretaria general del partido en diciembre del año pasado, ha visto sus posibilidades de hacerse con la Secretaría General -básicamente indiscutidas cuando ocupaba la Vicepresidencia del Gobierno-, reducidas hasta zona de peligro.

Aún así, hacer un pronóstico es muy aventurado. La militancia socialista es -casi por definición- imprevisible. La democracia interna -también con los abusos y trapisondas que la definen- forma parte de la genética del socialismo español, por muy depauperado que este hoy el discurso y el proyecto del PSOE. Al final ocurrirá lo que la mayoría de las bases del partido decidan. Y quedará sólo uno. Porque así lo determina el formato de primarias. El de antes, igualmente democrático (o más), producía acuerdos. Este alienta rupturas y odios irreconciliables.

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