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Alemania penaliza falacias y mensajes de odio | Salvador García Llanos

A la espera de la tramitación y confirmación parlamentaria, el Gobierno alemán ha tomado la iniciativa y ha aprobado una Ley que penaliza a redes sociales que no retiren con la debida diligencia los contenidos considerados ilegales, es decir, las informaciones falsas o difamatorias y los mensajes de odio.

El ministro de justicia alemán, Heiko Maas, después de precisar que la normativa no restringirá la libertad de expresión pues su aplicación solo será efectiva en publicaciones o emisiones que sean tipificadas como de odio y cuando se acredite que se trata de contenidos intencionadamente falsos, apuntó que, “al igual que en las calles, tampoco hay hueco para la incitación penal en medios sociales”. Y pone el dedo en la llaga al señalar que “Internet afecta a la cultura del debate en nuestra sociedad. La radicalización verbal es, a menudo, una etapa preliminar de la violencia física”.
 
Los alemanes saben de lo que están hablando. Recordemos que, teniendo en cuenta antecedentes históricos -el respeto a la memoria y la aceptación de no repetir jamás ciertos hechos-, les está prohibido negar públicamente el holocausto y promover el racismo. A la vista de la evolución del fenómeno migratorio y de los riesgos que entraña la amenaza terrorista, saben que los peligros que acechan en las redes y -quizá menos- en los medios de comunicación, no pueden quedar impunes. Opiniones radicalizadas, inspiradoras de odio y exclusión, no deben tener cabida.
 
De ahí que la nueva Ley prevea durísimas sanciones económicas para aquellas redes y stios web donde se publiquen este tipo de contenidos y no sea retirado en los plazos que establezca la propia normativa y que van desde veinticuatro horas a siete días. Se trata de poner punto final a la impunidad. La noticia no debería pasar inadvertida para ciertos canales emisores de nuestro país donde, además de disfrutar de una situación claramente irregular y al margen de la Ley, se ofrecen contenidos y opiniones que, confundidas o entremezcladas en el vasto campo de las apreciaciones políticas, transgreden elementales normas de respeto a la privacidad y al honor. Hay poner coto a tantos desmanes y hacer bueno el dicho: no todo vale.
 
El ministro Maas advierte a los responsables de redes y portales. Veremos si en instancia europeas el ejemplo cunde y se fijan unas reglas de juego que todos terminemos aceptando. De momento, para fortalecer la argumentación de la justificación de la Ley, desvela que Twitter apenas borra un 1% del contenido denunciado por los usuarios, en tanto que Facebook ya lo hace en un 39%. Estos porcentajes pueden ser claramente insuficientes a la vista del grosor de los mensajes.
 
Lo importante es acabar con prácticas reprobables en las que se manejan falacias, vilipendios y vituperios que solo vienen a probar que la sociedad está enferma y expuesta a influjos muy negativos que agravarían su estado por una de las vías más accesibles en nuestros días: la comunicación en la red.

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