FIRMAS

¡Vaselina por bidones! | Jafet Barreto

Todo está acabado. La partidos tradicionales  carecen de valoración ciudadana, los niveles de intención de voto bajan a diario, lo que la gente habla y comenta por doquier es un total rechazo al sistema, ya nadie hace diferencias. Cualquier estudio demoscópico queda obsoleto antes de publicarlo porque entre la encuesta y la publicación han aparecido cuatro o cinco nuevos escándalos.

Tenemos que estar alerta, sin duda alguna, con el mensaje de regeneración que nos venden los mismos partidos de siempre ¿Regeneración política? Otra milonga pues, la incompetencia no se borra con borrón y cuenta nueva, ni la mentira con el «y tú más».

Nosotros, los ciudadanos, por mucho tiempo, hemos preferido ir a lo nuestro, a mantener una rutina a la que nos han acostumbrado. Hemos estado jugando a no querer enterarnos de nada, y sólo cuando nos hemos empezado a quemar hemos decidido dar patadas sin sentido a las brasas, porque sabemos que nos están «dando una paliza» pero no sabemos por dónde nos llueven las hostias.

Con estos antecedentes, nada de lo que hagamos ahora tendrá recompensa inmediata, siendo realistas. El camino es duro pero, no por ello, debemos desistir. Esto es como sofocar un incendio. Una sociedad que se prepare para extinguir los «grandes incendios», puede luchar contra ellos, pero todas las medidas preventivas desarrolladas harán que sea muy complicado que se dé esa situación. Una sociedad que no se haya preparado para combatir un pequeño incendio, o lo apaga cuando empieza, o acaba viendo cómo el fuego se detiene cuando no queda nada que consumir.

En nuestro caso el combustible es la propiedad pública, nuestros derechos, nuestra protección social, el modelo de convivencia y nuestro futuro. Y veremos cómo se consume todo porque «el incendio» está ya muy avanzado. Nos hemos tragado muchas mentiras. Hemos llegado a despreciar lo «nuestro», y hemos encumbrado lo propio, sobrevalorando nuestra capacidad individual, mientras los más interesados en que esto fuera así hacían piña.

Pero que nosotros, la generación actual lo tenga todo perdido, salvo milagro, no quiere decir que no sea nuestra la responsabilidad de poner los mimbres para preparar a futuras generaciones. Hay que fomentar la cultura de la participación y la formación política y social de los más jóvenes, y hay que hacerlo con el ejemplo. No nos queda otra que seguir luchando o unirnos a la lucha, y aprender a desaprender lo inculcado, de lo contrario, tendremos que comprar, más pronto que tarde, vaselina por bidones. La grandeza humana está en las cosas chiquitas, que se hacen cotidianamente, día a día, la que hacen los anónimos sin saber, en definitiva, que la hacen.

Hay silencios que dicen mucho, otros producen desafección y pérdida de confianza. Con tristeza siento que desde hace varios años vivimos bajo un silencio que no dice ni representa nada.

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