FIRMAS Francisco Pomares

A babor | El futuro del trabajo | Francisco Pomares

Vivimos tiempos de cambios vertiginosos, pero seguimos aplicando a todo las mismas recetas de siempre. En un ambiente de hartazgo ante la corrupción que todo lo domina, los sindicatos salieron ayer a las calles de toda España a festejar el primero de mayo bajo el lema «Empleo estable, salarios justos, más derechos sociales». Una reiteración -actualizada, si se quiere- de las viejas consignas rescatadas desde que se inició esta crisis que ha destruido el empleo, ha precarizado las retribuciones y ha reducido las garantías laborales.

Intentan los sindicatos que la reactivación económica permita a los más perjudicados por la crisis recuperar lo perdido. Pero el mundo ha cambiado tanto en los últimos años que hoy resulta irreconocible: la globalización y sus secuelas han acabado con la industria europea. «La reindustrialización ya no es posible: es solo el intento de los sectores por lograr ayudas». Lo ha dicho el historiador económico Jordi Palafox: es lo que hay.

Desde hace décadas, la industria se está deshaciendo sin remedio, y la economía tradicional está siendo sustituida por una economía emergente, basada en las tecnologías de la comunicación, la digitalización de todos los procesos y la robotización creciente, y en los servicios -básicamente los financieros, los públicos y los vinculados a la alimentación, el transporte y el ocio-. Ese proceso se extiende también a la agricultura y la producción de bienes de consumo. La automatización reduce la necesidad de trabajo humano. Pero aún no entendemos que debemos trabajar menos, no más.

Imaginemos un mundo -cada vez más cercano- en el que el rol fundamental de los seres humanos en el proceso económico no tenga que ver con la producción, sino con el consumo. Un mundo en el que el peso del trabajo humano en la economía sea cada vez menor. Un mundo en el que las compañías pagarán impuestos por no tener trabajadores y las naciones crearán salarios sociales básicos, ayudas y mecanismos de asistencia social. Un mundo no tan distinto al que ya conocemos. ¿Será más justo o más injusto que este?

No es una pregunta fácil de contestar: aún no intuimos siquiera el alcance de lo que nos ha de ocurrir. ¿Vamos a una sociedad donde se repartirá el trabajo entre todos o en la que sólo trabajará una parte de la Humanidad? ¿Crearemos en los mismos entornos dos sociedades completamente distintas: una de personas que presten servicios y otra de gente que solo consuma? Lo que ya ha empezado supone un cambio extraordinario de las relaciones entre los seres humanos y el trabajo. Desde la revolución industrial, nuestra supervivencia ha dependido de la retribución que conlleva la producción. Es muy posible que la mayoría de los seres humanos vivan dentro de algunas décadas de ayudas para mantener el consumo… ¿Lo aceptaremos como una oportunidad para la realización, el disfrute del ocio y el desarrollo de la creatividad?

Algunos creen que esa sociedad sin trabajo solo será factible con la generalización de energías ilimitadas y de bajo coste, otros que se atemperará el consumo y avanzaremos a una sociedad más integrada en el medio, menos despilfarradora. Los pesimistas predicen un futuro apocalíptico. Lo cierto es que es difícil saber qué nos espera: quienes hoy se encuentran en la mitad de la treintena verán en su vejez ese mundo distinto. Un mundo que será ajeno por completo a las preocupaciones de quienes hoy salen a las calles reclamando empleo estable y salarios más justos.

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