FIRMAS Salvador García

Sol y datos | Por Salvador García Llanos

Atención al nuevo concepto en el ámbito turístico: sol y datos, que sustituiría al sol y playa, tan enraizado y tan consolidado. Lo han avanzado en Mallorca, en el curso de un congreso mundial sobre islas inteligentes. Este sí que es un auténtico reto, término tan empleado incluso en ofertas políticas programáticas. Sol y datos es la síntesis de un modelo que trataron de innovar y perfeccionar por múltiples vías, siempre pensando en la inagotable bondad o generosidad del clima y de la naturaleza, pero la especulación y los apremios de los negocios, incluidos los urbanísticos e inmobiliarios, impidieron planificaciones y actuaciones adecuadas, algunas de ellas tardías y con ánimo reparador.

Pues bien, hay que empezar a familiarizarse con ese concepto, derivado de otra idea, big data (en español, datos masivos, aunque apenas se utilice en la traducción), que viene a ser como un proceso de recolección de grandes cantidades de datos y su inmediato análisis, especialmente el comparativo, para aflorar información oculta o desconocida, nuevos códigos y otras correlaciones, de modo que permita incursionar en nuevos campos donde los medios convencionales de procesamiento tardan más de la cuenta o incluso no aciertan a desmenuzar sus características.
Quedémonos con estos usos derivados del big data: capturar, recolectar, analizar, almacenar, transferir, compartir enormes cantidades de información… Ello desemboca, claro, en obtener conocimiento en tiempo real y esmerarse en la protección de datos personales.
¿Cómo se aplica en turismo? Muy sencillo: si se acepta el reto, esto es, afrontar la gestión de los recursos de las islas como territorios inteligentes, habrá que disponer de toda esa información, debidamente ordenada y procesada, para impulsar y mejorar la conectividad, administrar con visión futurista y sostenible los recursos que pudieran ser escasos y hasta cualificar con razonables estándares de rentabilidad la diversificación de los productos turísticos.
Pensemos, por ejemplo, en los dos principales archipiélagos españoles: el turismo representa el 45% del Producto Interior Bruto (PIB) de Baleares; y el 32% de Canarias. Los registros más recientes de afluencia de visitantes superan los veinticinco millones de personas en ambos destinos. Los porcentajes y los números absolutos, independientemente de las coyunturas favorecedoras, hablan por sí solos.
Y como tales, predisponen para que España encabece, tal como se habló en esa convocatoria de Calviá, una red mundial de islas inteligentes con el fin de avanzar sin demoras en la aplicación de este concepto, clave en el desarrollo inmediato del sector. Ya no es solo sol y playa, que hay que cuidar, por cierto, pues son el sustento esencial. Más allá, incluso, de las experiencias que pueden servir de soporte a una acción promocional, aparece sol y datos, un concepto que es indispensable madurar para competir al máximo nivel.

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