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Triste, solitario y final. Por Eduardo García Rojas

“La quería a ella, por supuesto. La quería en ese mismo momento, de hecho, en esa cama. Y si se las arreglaban sin que los pillaran –¿por qué no iban a poder?–, le habría gustado seguir viéndola unas cuantas veces al mes hasta que su unión fuera tan intensa que le encontraran sentido a la posibilidad de dar un paso atrevido y escapar, o bien descubrieran que su pasión era como una planta de invernadero y la flor se estaba pudriendo ya.”

(Ese mundo desaparecido, Dennis Lehane. Traducción. Enrique de Hériz, Salamandra, 2017)

Tras la catastrófica adaptación al cine de Vivir de noche, segunda entrega de la trilogía del clan Coughlin que inició Dennis Lehane con Cualquier otro día, el escritor norteamericano cierra ahora el ciclo con Ese mundo desaparecido, una historia con la que finaliza su atractivo retrato histórico sobre el crimen organizado en la costa Este en las décadas de los años treinta y cuarenta.

Protagonizada por Joe Coughlin, Ese mundo desaparecido mantiene el tono de las anteriores novelas e insiste en casi todas sus constantes, aunque en esta ocasión el paso del tiempo resulta más denso en los personajes, la mayoría de los cuales culminan con su muerte la trayectoria vital que Lehane les dio en la anterior novela, Vivir de noche, aunque el escenario en el que se desarrolla es casi el mismo, Tampa, Florida.

Pesa también en la obra la traición. Lehane escribe que en un mundo como el que vive Joe, la traición está a la orden del día por lo que es necesario ser un duro y olvidar las emociones. En el hampa se sobrevive todos los días no con el corazón sino con el cerebro y eso implica a que estés dispuesto a sacrificar lo que más amas.

No, en ese mundo es imposible educar a un niño. Y Joe Coughlin que es un tipo duro pero organizado, tiene un hijo. Su talón de Aquiles.

En Ese mundo desaparecido Dennis Lehane no se pone del lado de nadie, y mucho menos de su protagonista. Narra en tercera persona el declive de un hombre que ya no encaja en los nuevos tiempos, y que Joe Coughlin materializa en el fantasma de un niño que pudo ser él.

La infancia es un tema clave en la literatura de Lehane. Ha abordado este asunto en varias de sus novelas. La violencia que siendo niño sufrió uno de los protagonistas de Mystic River servirá como desencadenante del relato; en Cualquier otro día, Vivir de noche y Ese mundo desaparecido es determinante para entender las reglas en las que se mueve Coughlin, y la extraña relación que mantiene con Tom, su hijo.

La ausencia de la madre hace que se expliquen muchas cosas de ese mundo cerrado y extremadamente masculino que es el que define a los hampones de esta novela que transcurre cronológicamente durante los años cuarenta, con un país en guerra en el que continúan lucrándose los mafiosos.

Mafiosos que al final lograrán la libertad del jefe de los jefes, Luciano, al aliarse con el gobierno norteamericano y trabajar bajo su bandera durante la guerra.

Novela complejísima pero armada con desarmante sencillez, Dennis Lehane es uno de los grandes escritores con que cuenta el género negro y criminal en los últimos años. Un escritor que saber contar historias y transportar al lector a un tiempo violento.

Y eso solo lo consiguen los grandes.

Dennis Lehane es más que un escritor de género.

Saludos, solo es un aviso, desde este lado del ordenador.

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