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Larga vida al Rey. Por Eduardo García Rojas

Los últimos libros de Stephen King que han caído en mis manos lograron algo que parecía imposible hasta el día de ayer, que esas historias largas y sinuosas, complejas como puede ser de compleja una novela de King, me desanimara como lector.

No pude con Revival, novela que dejé casi a la mitad siendo consciente que me quedaba sin saber el final del que tanto hablan los que sí lo conocen. Otros libros de King que no terminé fueron Insomnia y Buick 78, historias de las que de verdad ni me acuerdo… Así que en uno de esos raros momentos en los que pienso, me dije que la literatura de Stephen King ya me lo había dado todo.

Todo.

Todo, todo.

El bazar de los malos sueños es un volumen de cuentos que incluye relatos nuevos y otros reescritos por tan stajanovista escritor. El volumen en tapa dura cayó en mis manos porque existen las señales, las mismas señales que te advierten que no cruces la calle en ese momento, que no te fíes de esa persona y cuidado con el mar, porque esa mañana está raro… pero confieso que no tenía demasiadas esperanzas depositadas en él porque como ya he contado mis últimas experiencias lectoras con King no habían resultado satisfactorias aunque, llámalo sexto sentido, me dio un no sé qué que el autor de novelas como Carrie o Salem Lot regresara al mercado editorial con un libro de relatos, un género en el que se mueve francamente bien y en el que suele volverse más oscuro que en sus obras oficialmente mayores como El resplandor. Cementerio de animales es otra cosa, y es otra cosa fabricada con materia oscura precisamente porque continúa siendo una de sus novelas más cortas en cuanto a número de páginas se refiere.

El caso es que Stephen King no es que parezca, es otro cuando escribe relatos. Y ello sin renunciar a su estilo ni a las fórmulas hartamente repetidas en todos sus libros pero siempre narradas desde perspectivas diferentes. En los cuentos, King crece como autor, con independencia de que escriba en clave fantástica o realista, ese realismo sórdido que empaña algunas de sus mejores novelas y cuentos, relatos en los que disecciona con una pasmosa facilidad la sociedad norteamericana de su tiempo.

Además de diseccionar con mano de cirujano la sociedad norteamericana, Stephen King demuestra en las historias que disemina en este volumen que es un narrador que imita además y con notable pericia el estilo y el tono de narradores que, aparentemente, están en sus antípodas como son Philip Roth y Raymond Carver, entre otros, pero no creo que a ninguno de los dos les haya resultado molesto que un escritor tan inspirado como potente pero oficialmente abonado al fantástico como King, les imite con tanto respecto y precisión. Imitar, ya lo saben, no tiene nada que vez con plagiar, y esto es lo que hace quien nos reveló los demonios que habitan la zona muerta en El bazar de los malos sueños, en el que se reúne un puñado de historias que exploran los recovecos del alma así como presenta situaciones anómalas que terminan degenerando en inquietantes.

Una de las particularidades más llamativas de este volumen es que el mismo escritor explica antes de cada relato cuál fue su origen. En apenas unas líneas, describe cómo le apareció la idea, por norma general un suceso fortuito visto en la calle o durante la lectura de una revista o viendo un programa de la televisión. Momentos de la vida cotidiana que el escritor transforma en una pesadilla.

Y la verdad es que las historias funcionan porque están escritas a la manera de King. Un mucho de costumbrismo y personajes de la calle que, de pronto, observan como todo cuanto vemos puede ser distinto. Lo cotidiano de transforma en un campo minado, en un territorio hostil.

El bazar de los malos sueños reúne veinte relatos, y en ellos se tantea más que géneros maneras diferentes de enfocar las historias. Historias que insisten en enfrentar a los protagonistas con sucesos macabros y otras que respiran un insólito sentido del humor. Todas se leen con frenesí, e imagino que quien recale en el libro, escogerá sus cuentos favoritos. Para mi, como lector, lo fueron casi todos, incluso uno que dedica al béisbol, un deporte del que no tengo ni idea pero que imagino tremendamente interesantes tras leer esa historia que le dedica y en la que el propio escritor aparece como personaje.

Si usted es como yo, y se confiesa sin rubor lector de libros de Stephen King aunque en los últimos tiempos comenzara a pensar que al escritor se le había secado la fuente de la que mana su imaginación, lo recuperará en El bazar de los malos sueños. Es un libro completo, casi redondo, de esos que cuando termines te quedas un poco más huérfano y te peguntas ¿y ahora qué?

Ese qué, presumo, que nos asalta a todos cuando un libro te ha hecho pensar, te ha conmovido y, de alguna maneras, te ha enseñado a ser  otra persona.

Saludos, dulces pesadillas, desde este lado del ordenador.

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