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Psicóloga del COP dice que es “arcaico” tratar la transexualidad como enfermedad o perversidad

EBFNoticias.- Nacemos con un sexo asignado, no por casualidad del destino ni castigo divino. Viene determinado gracias al cóctel cromosómico, gonodal y genital con el que comienza la vida desde la fecundidad, al que luego se añaden otros dos ingredientes fundamentales, lo psicológico y social. “La transexualidad no es una enfermedad, ni tampoco una perversidad como se entendía hace cientos de años. Hoy en día sabemos que debemos evitar a toda costa la discriminación, desvalorización y persecución de quienes no se sienten cómodos con el sexo con el que nacieron”, subraya la psicóloga Indira Alcalá, terapeuta sexual y de pareja, a raíz del grave desconocimiento que existe en torno a esta realidad.

“En esta diversidad absolutamente humana hay personas que nacen con un género (hombre o mujer) asignado, pero no se sienten ni identificadas con éste ni tampoco motivadas a actuar de acuerdo a los cánones socialmente aceptados para cada género. A esta discordancia le hemos dado varios nombres tales como, transexualidad, disforia sexual, trastorno de la identidad sexual, trastorno de la identidad de género, trastorno de la identidad sexual de género y, gender identity disorder (GID)”, precisa en términos que ha venido utilizando la psicología.

“En el caso de las personas trans, su deseo de cambio no es estético, se trata de identidad. El yo no se siente conforme en el cuerpo con el que nació, específicamente con su pene o vulva. La mente está en conflicto con el cuerpo y, por supuesto, sufre. Vivir en un cuerpo con  con el que no te identificas no es para nada satisfactorio ni gratificante. Todo lo contrario, la disconformidad genera estrés crónico (distrés), trastorno de ansiedad, comportamientos desadaptativos, a parte de los problemas sociales, familiares, laborales por su deseo de ser tratado o tratada de acuerdo al sexo con el cual se identifica”, explica la especialista.

Aclara a su vez que vestirse de mujer o de hombre puede ser para algunas personas un estímulo sexual; para la persona transexual es una forma de sentirse en el rol masculino o femenino con el que se identifica. “Cuidado también con pensar que la transexualidad o trastorno de identidad sexual es sinónimo de orientación sexual. La atracción sexual hacia personas del sexo opuesto es lo que conocemos por heterosexualidad. El deseo sexual hacia personas del mismo sexo, homosexualidad. La orientación sexual hace referencia a la atracción, al deseo sexual. La identidad sexual alude al rol social que se adopta y no tiene que ver con lo que se espera del sexo asignado. Podemos encontrar entonces, personas transexuales homosexuales y heterosexuales”.

En su opinión, aclarar estos conceptos e ideas “es de suma importancia en estos tiempos de aguas revueltas porque todavía la religión y la política siguen con proclamas arcaicas, basadas en intereses particulares que siguen sin atender la explicación científica que tiene hoy en día esta realidad y los protocolos de intervención psicológica para ayudar en estos casos, así como el avance en la medicina reconstructiva”. Y advierte: “hablar solo en una dirección no contribuye de ninguna manera a la igualdad social ni a la tolerancia y la aceptación de la diversidad en una sociedad que verdaderamente es multicolor”.

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