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Dios salve a Drag Sethlas. Por María Montero

”¡Mi cielo! Yo no hago milagros, que sea lo que Dios quiera” fue el grito de presentación de Drag Sethlas en el escenario de la Gala Drag Queen que celebra su 20 aniversario en Las Palmas de Gran Canaria. Resultó ser la escenografía premiada por el jurado de esta gala y por el público allí presente dado el alto nivel de aceptación a tiempo real. Hasta aquí nada que objetar. Se celebró esta gala multitudinaria, la más esperada del Carnaval en Canarias, y en estos momentos viralizada en redes sociales en medio mundo y parte del otro.

Los motivos son muchos y variados. Contra gustos no hay nada escrito. Otra cosa es sacar de contexto una situación reconocida de carnaval en la que los participantes Drag tienen licencia para representar en carnaval situaciones que en la vida diaria o en otras realidades sí podrían considerarse ofensivas o incluso delito.

Drag Sethlas con una intervención artística de maestría en los movimientos en sincronización con su equipo ataviado de capuchinos de Semana Santa, aparecía con la iconografía de la Virgen María hacia una transformación en Jesucristo crucificado para descolgarse en un salto acrobático de la Cruz con el rezo de un Padre Nuestro en la voz ilustrativa a la secuencia.

“Si quieres mi perdón, agáchate y disfruta” coreaba Drag Sethlas con una imagen de Jesucristo liberado de la Cruz, a ritmo musical propio de carnaval…Mientras los asistentes a la gala disfrutaban de su actuación, quizá ni el propio Sethlas imaginaba la trascendencia mediática de su acto en la gala.  Después se desató una tormenta de juicios y acusaciones pareciera propia de 2.000 años atrás al contemporáneo Jesús de Galilea. Seguimos en la lapidación ideológica veinte siglos después ante imágenes revolucionarias.

Me llama poderosamente la atención el trabajo de fondo de Drag Sethlas  y su equipo para revertir los principios cristianos en otros valores adscritos a los inculcados por la fe católica, pero en un marco diferente y llevados a la realidad carnavalera. Me explico. Drag Sethlas en su representación artística ha liberado a Jesús de la Cruz en otro contexto de resurrección. Ha trascendido el dolor de la cruz hacia el placer, el amor. Lo transgresor de su relato en la gala es ver en acción a Jesucristo en una faceta humana, liberado del sufrimiento y en una recreación de ficción respecto a lo que atestiguan las Escrituras. Sethlas propone un hombre que señala a “quien esté libre de culpa”. Es decir, casi nadie, desde el punto de vista de una sociedad liberada de culpas, prejuicios y tranquilidad de conciencia personal. Pero adscrito al amor que propaga la Iglesia en su postulado. Sethlas y la Iglesia convergen hacia el amor, y la liberación, por vías distintas.

Durante siglos el miedo ha funcionado en las personas respecto a la evolución, situando al amor en un motor social secundario cuando es el principal actor de la vida. “Derroche de fiesta y mujeres, amor y placeres,  yo soy el señor de la noche” cantaba Drag Sethlas danzando en un escenario mundano rodeado de capuchinos ya transformados en personas de la noche cotidiana del jolgorio del carnaval. Desde lo místico a la profano, de lo religioso a lo carnal en las semanas previas a Semana Santa. Este es el contexto de Carnaval. Sethlas se presentó ante un jurado en la Gala Drag Queen, ganó el concurso y conmovió en aplausos positivos a la audiencia. 

Borja Casillas, autor insigne que da vida a Drag Sethlas es un joven de 26 años, que quizá tenga que solventar su escenificación ante la Fiscalía de Las Palmas, si llegara la “sangre al río” con alguna denuncia por “ofendidos” sobre su actuación en la gala, lo cual dudo mucho. Las denuncias “morales o sociales” son de un sector muy definido, no mayoritario, que aún no han formalizado nada en los juzgados. Me temo que un sobreseimiento de esta causa no les vendría muy bien en el caso de dar este paso judicial tan delicado para el sector eclesiástico. La Asociación de Abogados Cristianos ha manifestado su descontento denunciable. Veremos. En el siglo XXI el poder judicial está separado del poder de la Iglesia. La Inquisición ya no existe. Los jueces son independientes de requerimientos religiosos y laicos. La Fiscalía analiza la actuación de Sethlas al margen de la postura del Obispo de Canarias contraria al Drag Queen.

Le confieso algo a Drag Sethlas. Hace unos meses el párroco de Canena (Jaen) en un sermón, anti-ejemplar, reconocía que “hace 30 años un hombre se emborrachaba y pegaba a la mujer pero no la mataba” porque “antes había había un sentido moral, unos principios cristianos y hoy no los hay”. Sinceramente, no se que hubiera dicho Francisco Cases, Obispo de Canarias, si hubieras representado en la Gala Drag Queen esta realidad “cristiana”. Es fácil el postureo de la crítica desde el poder de la Iglesia, pero difícil la autocrítica para su institución. Comparar el dolor místico de la gala Drag con el dolor humano como hizo Cases con las víctimas del accidente aéreo de Spanair demuestra una falta de compasión terrible. No me extraña que haya pedido perdón el Obispo, que también es humano y comete errores. Igual que Drag Sethlas, que se ha disculpado reconociendo que “no desea ofender a nadie”. Si el Obispo no quería ofender, Sethlas tampoco.

Este diálogo me recuerda a la gran historia de Umberto Eco, El nombre de rosa, exponiendo con una claridad contundente la resistencia de la Iglesia en la Edad Media sobre el aprendizaje de la raza humana a través del humor y la ironía. Esta trama protagoniza el segundo libro de Poética de Aristóteles, en la que una abadía de benedictinos en Los Alpes en 1327 “mataba” monjes por acceder a este conocimiento del filósofo griego del año 384 a.C. La etapa oscurantista de la Edad Media causaba estragos con la iglesia racionalista frente a personajes asociados a la mente empírica como Guillermo de Baskerville desmontando tramas “políticas” en el seno clerical que trataba de controlar la transgresión humana  cuestionando pasiones y teoremas divinos.

Venecia fue un referente de carnaval en el Medievo declarada fiesta nacional por el Senado de la República en 1196, época en la que los carnavales perduraban meses desde octubre hasta la Cuaresma. Su lema “Semel anno licet insanire” o “Una vez al año es lícito no tener frenos” reconocía la incursión de la aristocracia en las clases populares usando el baile de máscaras y la mofa popular hacia los aristócratas permitida socialmente.

Le propongo a Drag Sethlas una recreación si lo toma en estima para otra Gala Drag Queen. La escenografía de la sabiduría de los Manuscritos de Qumrán y los años “perdidos” de la adolescencia de Jesús de Galilea en Egipto. La religión egipcia asumía la resurrección de Osiris, la vida eterna, el juicio de Maat escrita en el corazón de cada persona que cruzaba al mundo de los muertos, y la importancia del culto en el Templo de Isis en la isla de Philae sustituida posteriormente por la Virgen María. Quizá el revolucionario en su tiempo, visionario, o transgresor en su juventud líder de un movimiento de cambio de paradigma social y religioso crucificado y resucitado en Jerusalén, llamado Jesucristo, recogiera conocimiento de Egipto, pragmatismo religioso que volvió mediático entre los judíos al plantear otras creencias.

Si Drag Sethlas acudiera al juzgado como Borja Casillas a petición de la Fiscalía, sería como repetir algo escrito hace 2.000 años. Defender un paradigma artístico en un carnaval, con un mar de fondo transgresor de como viaja el amor en el tiempo entre dictados de la Iglesia y la revolución humana de como imprime el amor en su relación cotidiana con la sexualidad, escenificado en el carnaval entre lo prohibido, lo permitido, lo proscrito. Dios salve a Drag Sethlas y que sea lo que Dios quiera.

“El lenguaje de la verdad debe ser, sin duda alguna, simple y sin artificios” (Séneca)

@MariaMonteroTFE

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