FIRMAS Francisco Pomares

A babor. Un linchamiento interesado. Por Francisco Pomares

Recobra actualidad el caso 18 Lovas, un asunto que a finales del pasado año provocó ríos de tinta y conmocionó a la sociedad de las islas. El caso, fruto de la investigación de una red criminal de captación y prostitución de mujeres jóvenes, se precipitó cuando la Policía detuvo en Gran Canaria a seis hombres, a los que se acusó de estar detrás de una agencia de azafatas que proveía servicios de acompañamiento y asistencia a fiestas privadas. La parte más repugnante de todo el asunto es que algunas de las jóvenes eran menores al parecer captadas en centros de acogida dependientes de instituciones canarias.

La rumorología se disparó inmediatamente cuando -tras conocerse la identidad de los detenidos- comenzaron a circular también nombres de presuntos usuarios de los servicios que ofrecían: empresarios del Sur, un deportista muy conocido, un político, un abogado con bufete de renombre… algunos de esos nombres aparecían identificados en el sumario, y en otros se aludía a ellos con motes o alias utilizados por los proxenetas o las chicas. Los medios de comunicación -como es de recibo- solo publicaron los nombres de los imputados, pero la rumorología llegó a provocar situaciones de grave perjuicio a algunas personas.

El más perjudicado por los rumores fue Eustasio López Sánchez, el mayor empresario turístico de Canarias. Se trata de un señor con el que -lo digo por si las moscas- el que suscribe solo ha cruzado en su vida dos palabas corteses en un acto en Madrid, hace treinta años. La cosa es que su nombre circuló de boca en boca, tras saberse que mantuvo en el mes de octubre una conversación telefónica con uno de los imputados, que la Policía incorporó al sumario. Una conversación circunstancial y no considerada delictiva por el juez instructor, que no ha citado a López ni como testigo ni como imputado en la causa.

A pesar de ello, el hombre arrastró inevitablemente la sombra de la sospecha. Es rico y poderoso, con muchos enemigos -ganados a pulso o vocacionales- y era inevitable que soportara el desgaste social y familiar del runrún maledicente. La vida funciona así.

Pero hay grados: hace pocos días, el periodista Juan Luis Galiacho se descolgó en un programa de 13TV presentando partes del sumario judicial y mencionando públicamente a Eustasio López como implicado en el asunto, y acusando a los medios canarios de silenciar su participación en el escándalo de las Lovas. 13TV ya ha rectificado esa información, pero el mal está hecho: las redes sociales se han lanzado a condenar como pederasta a López, en Wikipedia alguien vinculó su nombre a una acusación que no existe, su vida personal y familiar se ha se ha convertido en un infierno y sus negocios pueden llegar a resentirse.

«Él se lo buscó», dicen algunos. Puede. Y también podría ser que la instrucción judicial pruebe que López cometió algún delito, pero eso no ha ocurrido. Y en la presentación pública de este asunto, en la cacería organizada contra el empresario hay más intereses en juego que la búsqueda de la verdad: hay un detective privado, contratado por alguien, que asistió al free lance Galiacho en sus pesquisas en Canarias.

Hay una operación de viralización en la red de un programa que no vio casi nadie, y que 13TV retiró de su web tras admitir que estaba sesgado. Y sobre todo, hay un documento que demuestra que un empleado de la competencia de Eustasio López fue quien subió a Wikipedia la infamante acusación de pederastia contra él. De momento lo que hay es un linchamiento interesado en marcha.

Este país se está volviendo invivible.

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