FIRMAS Salvador García

Los mismos que denigran, jalean. Por Salvador García Llanos

La noria de la política no cesa en sus giros insondables e inesperados, acumulando contraposiciones de ideas y paradojas que abonan el desconcierto del personal, como si este no anduviera ya bastante harto de tanta contravención e incorrecciones que bastante desafección, por cierto, han generado.

Ahora es la controvertida figura de Pedro Sánchez, ex secretario general de los socialistas españoles y aspirante a volver a serlo, la que alimenta sentimientos contradictorios, puede que en muchos casos interesados, pero curiosos y reveladores de esa fase de inestabilidad política que caracteriza el país que intenta sacudirse la crisis pero no termina de lograrlo.
 
A Sánchez le dieron por liquidado políticamente desde que su empecinamiento le llevó a perder un Comité Federal, máximo órgano entre congresos, en el que presentó la dimisión como secretario general. Pero no lo estaba del todo cuando, perfectamente legitimado en su condición de militante, fue sumando restos del naufragio -el propio y de su modo de hacer política- hasta pertrecharse en la orilla ganada y reanudar la aventura de la candidatura. La ha emprendido a ver si en las revueltas aguas del socialismo español -por muchas culpas propias- hay un lugar al sol, aunque sea de imprevisibles consecuencias. El tiempo dirá si la iniciativa prospera y está preñada de revanchismo.
 
Lo cierto es que aquel Pedro Sánchez denostado en muchos medios y al que Podemos forzó en una descarada maniobra de cooptación cabalga de nuevo. Y quienes le denigraron y pusieron en evidencia sus ambiciones sin proyecto, rendidas a los apremios de terceros, no importan los riesgos de cisma de su propia organización y desestructuración del modelo constitucional de convivencia política, ahora, sorprendentemente, le jalean. Puede que le necesiten, para seguir esgrimiendo el ‘no’ por montera, para implementar el miedo que tan bien funciona en sociedades convulsas, indolentes, conservadoras y de suyo timoratas. Para tener a mano un recurrente saco de los golpes que se pueden propinar porque es gratis, porque así se luce espíritu crítico y porque así se desvía la atención de los problemas, de los incumplimientos, de las deudas insolubles, de la tarificación de la luz eléctrica, de las pensiones acogotadas y de las sombras de corrupción que han venido para quedarse en la política española.
Son los mismos que denigraron, hasta hacer verle caer mientras se refocilaban en las heridas abiertas en el socialismo que menguaban sus chances de ser alternativa real de poder, quienes ahora ensalzan su valor (¿valor?) político, su afán de emprendimiento y su tenacidad. Da igual que algunos lugaternientes de Sánchez hayan desertado. Presentarle como víctima -es indiferente que abunden las manipulaciones y tendenciosidades en las redes- y destacar que hay gente que no puede acceder a los recintos donde convocan sus actos, parece ser la consigna. 
Estas son las peculiares dualidades de la política, las que hacen que el desasosiego se prolongue… a la espera de un congreso. Quién sabe…

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