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Canción triste de… Eduardo García Rojas

Vladimir Hernández irrumpió en la literatura negra y criminal en España con la novela Indómito, libro que obtuvo el Premio Internacional de Novela Negra L’H Confidencial y relato en el que proponía una nueva mirada al género policíaco cubano, uno de los más interesantes que se escribe en español por la variedad de autores que exploran las posibilidades de un género donde lo que menos importa es la resolución del caso sino cómo afecta la investigación de ese mismo caso al carácter de los personajes. Destaca, también, por la importancia que otorga al paisaje, a los escenarios.

Si en Indómito la mirada de Vladimir Hernández se centraba en los que están al otro lado de la ley, en Habana Réquiem (HarperCollins), su nueva  novela, está protagonizada por varios agentes de la Policía Nacional Revolucionaria que trabajan en una unidad ubicada en un distrito de La Habana Vieja a la que se conoce también como La Mazmorra.

La literatura criminal de Vladimir Hernández es dura y está siempre al borde del estado de ebullición, pero procura ser también social y crítica con la realidad de un país que se ha construido a base de brutales contrastes.

Los policías nacional revolucionarios de esta novela representan distintas miradas individuales e individualistas y ninguna de ellas apoya con demasiada convicción una Revolución que no ha sabido adaptarse a los tiempos por senil.

Los agentes que trabajan al lado de la ley en esta novela, lo de trabajar del lado de la ley es un suponer, están más próximos al universo corrupto del norteamericano James Ellroy que al desarraigado que describe Leonardo Padura en la serie de Mario Conde lo que delata las influencias que determinan la literatura  negra y criminal de Hernández, escritor que en sus dos novelas policíacas revela a hombres y mujeres con placa que medran o se buscan la vida, resuelven, como pueden. Algunos de ellos abusando de su uniforme.

Llama poderosamente la atención en Habana Réquiem cómo la corrupción se ha instalado en el alma y el corazón de algunos de estos policías, y se agradece que este retrato tenga más o menos fondo.

Casi parece, en este sentido, como si Vladimir Hernández hubiera escrito y publicado el primer volumen de una serie que, posiblemente, tendrá a los presuntos servidores de la ley de La Mazmorra como protagonistas.

Eso explicaría que, como artefacto literario, Habana Réquiem no esté bien cerrada y que algunos de los personajes no cuenten con un acabado redondeado.

Con todo, la novela va más allá de los casos a resolver (el aparente suicidio de un anciano, un violador en serie y quién asesinó a un joven negro vendedor de drogas de diseño) pero enoja pese a que los casos queden resueltos, que la mayoría de los personajes, y más al tratarse de una novela coral, queden suspendidos en la cuerda floja.

Claro que quién sabe, igual estamos asistiendo al nacimiento de una serie tipo Distrito 87, de Ed McBain, esa misma que inspiró de manera no oficial la televisiva Canción  triste de Hill Street, solo que ahora con mucho de polis duro a lo Ellroy en una Habana de contrastes, donde los nuevo y lo viejo convive.

Los agentes de esta novela son policías curtidos pero que esconden también muchos fantasmas en los armarios de su conciencia. Policías que se buscan, más que ganarse, la vida y que confunden en que lado de la ley están.

(*) Vladimir Hernández hablará de esta novela en Tenerife Noir Festival Atlántico del Género Negro que se desarrollará en marzo en Santa Cruz de Tenerife

Saludos, se ha dicho otra vez, desde este lado del ordenador.

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