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EL BAR DE PEPE. La política social del PP, puta miseria. Por Joaquín Hernández

¿Qué debe entenderse como una política social? Es decir: por una política que favorezca la situación del trabajador. Si atendemos a lo puramente material, semejante política sería aquella que, antes que nada, facilite el pleno empleo, reduciendo al máximo el paro.

Que ese empleo, naturalmente, se ofrezca en condiciones dignas, con remuneraciones suficientes y atendiendo a las exigencias básicas del trabajador. Que se cubran sus necesidades asistenciales y las de su familia, tanto en su vida activa como en la jubilación.

Que consecuentemente con ello, se logre una efectiva elevación de sus niveles económicos, e incluso sociales, de forma que la clase menos favorecida no solo se despegue de la miseria, sino que alcance un status de vida en la cual, además de hallar cubiertas sus necesidades más elementales, alcance el disfrute de unas comodidades y hasta unas satisfacciones en cierta medida lujosas.

¿Es tan imposible de realizar? algo tan simple como la economía productiva ¿es tan difícil de sostener? Cuando el petróleo es nuestro principal problema y su precio se ha reducido en más de un 75%, ¿cuánto dinero nos hemos ahorrado en energía? ¿por qué pagamos un 70% más en la factura de electricidad? Nadie pide nada extraño a no ser que ya sea rarísimo encontrar un empleo digno y más aún vivir dignamente.

Nos han puesto en manos del empresario, ese empresario que olvidando que la mayor riqueza de su empresa es el factor humano, utiliza a sus trabajadores como verdaderos esclavos sacándoles el mayor rendimiento al menor coste, o sea el beneficio añadido lo encuentra por dos o tres factores: el primero por el bajo coste salarial, el segundo por los beneficios añadidos en el pago de la cuota empresarial a la seguridad social y el tercero por el propio negocio. Hemos llegado al momento actual donde los partidos políticos han olvidado lo que todos entendemos como «política social».

La miseria no reparte nada porque nada tiene que repartir, no es de extrañar que se agote el fondo que garantiza el funcionamiento de las pensiones, con el salario del miedo se necesitan diez trabajadores para pagar a un pensionista. La precariedad en el empleo, los llamados contratos estercoleros, hacen que no sólo carezca de bienestar social, además lo sume en un pozo lleno de incertidumbre carente de todo planeamiento de futuro.

El Fondo Monetario Internacional vuelve a la carga y nos indica, nos ordena a los españoles que hagamos nuevos recortes en sanidad y educación, aumentemos los impuestos con el fin de ajustar el déficit pactado con la UE.

Apartar la vista de la realidad, obviar la verdad es lo que intentan que hagamos el gobierno del PP y su comparsa del Psoe y Cs., los medios de comunicación social nos dicen a cada momento que la situación ha cambiado y que la crisis ha dejado de vivir entre nosotros y emigra a otros lugares, que todo empieza a funcionar maravillosamente bien, que nuestro producto interior bruto está creciendo mucho más y mejor que cualquier país de la Unión Europea y podremos cumplir nuestros compromisos de deuda sin problemas, que volvemos a ser la repera limonera en nata montada y los pajaritos cantan y las nubes se levantan y todos unidos cantamos ¡¡que viva España!!

Pero la realidad la viven las gente de Caritas Diocesana, de los Bancos de Alimentos, de los servicios sociales de los ayuntamientos y los comedores y albergues donde cada día piden asistencia ya no solo los excluidos, los parias, los sin techo, los indigentes, también lo hacen esas personas que dice el Gobierno que forman parte de la «clase trabajadora» que, con el sueldo miserable del salario del miedo, les es imposible llegar a la primera decena del mes sin necesitar ayuda de sus familiares o instituciones públicas.

La gente necesita de empleos lo suficientemente remunerados para una vida lo más digna posible. Rescatar bancos y cajas de ahorros, autopistas de peaje (la nacionalización de las ocho autopistas que pasaran a nuestro poder costará la misma cantidad que se empleó en 2016 para I+D). Aquí por lo visto siempre pagamos los mismos, el pueblo. Con un descaro absoluto se construyen autopistas obsoletas, trenes de alta velocidad que van a ningún lugar, aeropuertos inservibles y puertos inútiles. Un saco sin fondo donde la manipulación de la ley de contratos públicos hace factible que cualquier concesión es susceptible, en caso de quiebra, de ser recomprada por el propio Estado asumiendo las perdidas y aceptando el riesgo de seguir con el negocio ruinoso.

Donde tanto se dilapida, tanto se roba, cuando asistimos estupefactos nuevos recortes de derechos fundamentales, el gobierno del PP y sus comparsas, nos dicen que nadamos en la abundancia y aún podemos apretarnos un poco más el cinturón.

¡¡Puta miseria!!

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