FIRMAS

El bar de Pepe. La parte contratante. Por Joaquín Hernández

Haga el favor de poner atención en la primera cláusula porque es muy importante. Dice que… la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte. ¿Qué tal, está muy bien, eh?

No, eso no está bien. Quisiera volver a oírlo.

Dice que la parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte.

Esta vez creo que suena mejor.

Si quiere se lo leo otra vez.

Tan solo la primera parte.

¿Sobre la parte contratante de la primera parte?

No, solo la parte de la parte contratante de la primera parte.

Oiga, ¿por qué hemos de pelearnos por una tontería como ésta? La cortamos.

Sí, es demasiado largo. ¿Qué es lo que nos queda ahora?

Dice ahora la parte contratante de la segunda parte será considerada como la parte contratante de la segunda parte.

Eso sí que no me gusta nada. Nunca segundas partes fueron buenas. Escuche: ¿por qué no hacemos que la primera parte de la segunda parte contratante sea la segunda parte de la primera parte?

Este dialogo de la famosa película de los Hermanos Marx, una noche en la Opera, podría ser la sinopsis de la versión del contrato suscrito entre la empresa Sacyr y el Gobierno de Canarias para construir cuatro quirófanos, tres paritorios y una planta de hospitalización para realizarlas en el futuro Hospital del Sur de la isla de Tenerife, les explico:

Para darles una idea del asunto les comento que las obras del Hospital del Sur y Norte de la isla de Tenerife, pese a ser de vital importancia para la población y el turismo isleño, se viene pareciendo a las obras de la Sagrada Familia de la ciudad Condal, en cuanto al tiempo en terminarlas, parece la obra interminable.

Resulta que el Gobierno de Canarias presenta a concurso público las obras antes citadas para las obras anteriormente citadas, con un precio de licitación de 10.5 millones de euros.

El encargo se adjudicó a la empresa Sacyr gracias a que ofreció realizarlo por 7,9 millones de euros, unos 2,6 millones menos del precio de licitación.

O sea que la parte contratante de la primera parte era consciente que la parte contratante de la … ufff me estoy liando, a ver si lo entiendo sin que mis neuronas bailen en un laberinto sin salida.

Resulta que; a sabiendas que la empresa adjudicataria estaba por debajo del ya ajustado presupuesto en 2,6 millones de euros se contrata pensando en que la empresa Sacyr en lugar de ser una Sociedad Anónima es una Ong´s que va por el mundo en plan solidario con el erario público.

El resultado era el de esperar: primero vallar la zona de acurdo con la normativa vigente en riesgo laborales, y segundo presentar certificación por 7.000 euros por el vallado y al mismo tiempo exigir el aumento del 10% en el presupuesto objeto del contrato, o sea que se han hecho «fuertes» dentro del recinto, han blindado su «obra» y han paralizado las mismas hasta no llegar a un acuerdo contractual.

En este punto, no sabemos quién es el inmoral si el Gobierno de Canarias que cae engañado por el «chocolate del loro» que le ofrece Sacyr, o bien la empresa constructora por aprovecharse de ineptos, mediocres y totufos de las asesorías jurídicas y técnicas del Presidente Clavijo, en todo caso la ley permite esa práctica que, por lo visto es usual en esa empresa ya que abandonó las obras hidrológicas del barranco del Cercado, en San Andrés, porque solicitaba un incremento económico que no le fue aceptado.

El problema tiene dos formas de solucionarlo, o bien claudicas y pasas por el tubo de ese aumento a la espera de otros que se producirán simultáneamente y que encarecerán la obra en un 40% más de lo presupuestado, o bien se actúa aplicando el artículo de los hermanos Marx, quiero decir anulando unilateralmente el contrato por ser una obra urgente y de «utilidad pública», conceder a otra constructora la ejecución de la misma y que sea Sacyr la que interponga la demanda al Gobierno de Canarias. Seguramente ganarán el contencioso, pero si «la parte contratante» sabe mover ficha rápidamente estoy convencido que las obras del Hospital del Sur se terminaran en menos tiempo que si esperamos a solucionar el dilema de quien fue el «estafado», en todo caso: «Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien».

 

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